Números anteriores: Vol.3 nº4-2006

 
  Editoriales  
 

Aportaciones de la industria biomédica a la salud sexual

   No es ninguna novedad decir que la industria farmacéutica (IF), o la industria biomédica, como ahora se denomina, no se trata de una ONG meramente altruista, sino de una industria bastante rentable, que necesita ganar mucho dinero para invertir en seguir siéndolo y a quien cada vez se le pone todo más difícil para conseguirlo. Un laboratorio farmacéutico no es sólo una fábrica de medicamentos; es, además y sobre todo, un centro de investigación y producción científica donde miles de profesionales dan lo mejor de sí mismos con la esperanza de hacer algo positivo por la humanidad, a sabiendas de que su aportación puede ser muy importante en la vida de millones de personas. Se ha tachado a la IF, a lo largo de la historia y cada vez con más ahínco, de interesada y materialista, y sus detractores se esfuerzan en resaltar tan sólo lo que podría parecer ser su único objetivo: ganar dinero a cualquier precio; pero cierran los ojos ante muchos aspectos positivos que, para ser justos, también deberían destacarse. Hay que tener en cuenta que si la IF no ganara dinero, no podría invertirlo en mejorar y salvar la vida de millones de personas y se perderían muchas y beneficiosas aportaciones a la salud en el más amplio sentido de la palabra.

Investigación e industria biomédica

El camino que hay que recorrer hasta que una medicina puede estar disponible en el mercado es muy largo y se necesitan muchos años. Hay que partir de miles de moléculas para que alguna de ellas llegue a ver la luz y, en el caso de que así suceda, su lanzamiento no tendrá lugar hasta pasados diez o quince años desde la idea inicial. Muchas moléculas se pierden en el camino y se abortan sin llegar siquiera a la fase de descubrimiento y, de aquellas que sí la inician, tan sólo el 7% llegará a convertirse en un nuevo medicamento. Entre la fase de descubrimiento de la molécula y la fase de investigación básica transcurrirán alrededor de cinco años, para después entrar de lleno en la etapa de investigación clínica (fases I-III), en la que se invertirán no menos de otros 5 ó 6 intensos años. Durante la fase III, miles de pacientes que presentan la enfermedad que se quiere estudiar recibirán el fármaco experimental, siempre mediante su inclusión en ensayos clínicos estrictamente controlados y realizados por los investigadores más prestigiosos. Una vez finalizada, se pasará a la fase de registro, para la que habrá que preparar un extenso dossier que recopile los resultados de todas las investigaciones realizadas, y que se presentará para su valoración al organismo regulador correspondiente (FDA, EMEA, etcétera).Tras meses de evaluación por un comité de expertos, si todo es favorable se obtendrá la aprobación del nuevo medicamento. A partir de aquí pueden pasar desde meses hasta años para conseguir su comercialización en un país concreto, y será después de entonces cuando se pondrá en marcha la llamada fase IV de investigación, donde los estudios con pacientes valorarán sobre todo la seguridad del medicamento en su uso crónico a largo plazo. Es necesario comentar que, además de estos 11 a 15 años de esfuerzo, en el desarrollo de un nuevo medicamento se invierten entre 800 y 1.000millones de dólares, mientras que el tiempo del que se dispone para obtener un beneficio económico que compense la inversión será muy breve, ya que el período de patente que se otorga a un medicamento es de sólo 20 años, contados a partir de que se inicie su desarrollo. Una vez que la patente haya expirado, otros laboratorios podrán comercializar ese mismo principio activo en forma de medicamento genérico, con lo que las ventas y las ganancias disminuirán considerablemente para el descubridor. Esto explicaría, en cierto modo, por qué el precio de algunas medicinas es tan elevado.

Industria biomédica y salud sexual

El lanzamiento de Viagra (sildenafilo) en el año 1998 supuso un auténtico fenómeno social a nivel mundial, tanto entre los profesionales de la salud como entre el público en general. Fue a partir de entonces cuando se empezó a hablar de sexo en todos los medios de comunicación y a requerirse la opinión de los expertos con asiduidad. El fenómeno Viagra se había puesto en marcha, abriendo un camino inédito y hasta entonces poco transitado (1).

Otro hecho interesante para analizar es observar cómo ha evolucionado la medicina sexual en los últimos años hacia una disciplina que es cada vez más científica. Esta evolución también ha estado muy influenciada por el desarrollo de los fármacos para la disfunción eréctil y se va a poner de manifiesto principalmente en los estudios científicos, en el manejo clínico de los pacientes y en el progresivo reconocimiento de las disfunciones sexuales como un problema de salud pública (2).

Impacto científico de sildenafilo

Durante el proceso científico que culminó con el lanzamiento de sildenafilo, se produjo un cambio importante en la comunidad investigadora relacionada con la medicina sexual, ya que se incrementó tanto la investigación básica como la investigación clínica en el ámbito sexológico. El laboratorio Pfizer empezó a identificar a los principales expertos en sexualidad de todo el mundo y muchas personas, hasta entonces casi anónimas, fueron buscadas, reconocidas y dotadas de medios bien para empezar o bien para seguir investigando.

Una aportación decisiva fue cuando parte de la investigación se centró en las definiciones relacionadas con la función eréctil, algo nada sencillo para lo que hubo que desarrollar y validar numerosos cuestionarios que cuantificaran la valoración subjetiva de los pacientes. Basados en la eficacia de estos instrumentos, en los últimos años se han desarrollado con éxito numerosos cuestionarios, que exploran diversos aspectos de la respuesta sexual, tanto masculina como femenina, y que son de gran utilidad para el sexólogo.

En general, durante las últimas dos décadas se ha ido introduciendo en la medicina sexual el modo de hacer investigación de alto nivel, lo que abarca desde la metodología y los conceptos del diseño clínico hasta la realización de estudios multicéntricos internacionales, con reclutamiento de gran cantidad de pacientes y con criterios de inclusión/exclusión rigurosos (2).Toda esta metodología ha mejorado el campo de la medicina sexual, ha elevado los estándares y, lo más importante, ha mejorado el concepto de la sociedad científica hacia los estudios y los resultados obtenidos en los mismos, de manera que la investigación ha llegado a ser considerada y valorada en sexología con la misma seriedad que lo es en otras disciplinas científicas.

El impacto de sildenafilo en la práctica clínica también ha sido importante. El hecho de que algunos médicos de atención primaria empezaran a considerar en su consulta las disfunciones sexuales supuso un gran impulso para la salud sexual (3). A raíz del creciente interés por la sexualidad, la industria biomédica ha patrocinado durante los últimos años numerosos cursos de formación, que se han impartido sobre todo a médicos de familia y a médicos generales, aportándoles conocimientos de una disciplina que, por extraño que parezca, no se enseña en las Facultades de Medicina, a pesar de ser tan importante para la salud integral del individuo y de tener tantas repercusiones a nivel social, humano y sanitario.

Seguir analizando aspectos positivos y aportaciones de la industria biomédica a la salud sexual extendería en exceso este artículo, pero quisiera al menos mencionar alguno relevante, como la formación de miles de farmacéuticos en salud sexual o la información difundida a muchos hombres con disfunción eréctil y a sus parejas, quienes a través de asociaciones de pacientes como las de diabéticos, cardiópatas, lesionados medulares o alcohólicos rehabilitados, han recibido conferencias que les han dejado llenos de esperanza y de agradecimiento. También mediante páginas web de información sobre disfunción eréctil o de teléfonos de información directa al ciudadano se ha intentado fomentar la importancia de los problemas sexuales, así como la existencia de soluciones y de expertos para solucionarlos. A la industria farmacéutica le interesa fomentar la importancia de la sexualidad, de la salud sexual y de los sexólogos, lo que ayuda mucho a conseguir que el prestigio de los mismos sea cada vez más reconocido y sus servicios más solicitados.

Todavía queda mucho camino por andar, si bien es mucho el tramo que llevamos caminado. Afortunadamente está en marcha el desarrollo de nuevos medicamentos, indicados para otras disfunciones sexuales, lo que ayudará a que el impulso de la industria biomédica siga impactando positivamente en la salud sexual de los seres humanos y por tanto en su felicidad.

S. Jiménez Morueco
Médico. Máster en Sexología. Departamento Médico de Pfizer España.
Miembro de la SEIS (Sociedad Española de Intervención en Sexología)

Referencias

1. Marsall Y. Book review: The rise of Viagra: how the little blue pill changed sex in America. N Engl J Med December 2004;351;26. 2776.

2. Burnett AL. The impact of sildenafil on molecular science and sexual health. European Urology 200;446:9-14.

3. Tomlinson JM, Wright D. Impact of erectile dysfunction and its subsequent treatment with sildenafil: qualitative study. BMJ, doi:10.1136/ bmj.38044. 662176.EE (published 29 March 2004).

       

 

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