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Aportaciones de la industria biomédica a la salud sexual
No es ninguna
novedad decir que la industria farmacéutica (IF), o la industria
biomédica, como ahora se denomina, no se trata de una ONG
meramente altruista, sino de una industria bastante rentable, que
necesita ganar mucho dinero para invertir en seguir siéndolo
y a quien cada vez se le pone todo más difícil para
conseguirlo. Un laboratorio farmacéutico no es sólo
una fábrica de medicamentos; es, además y sobre todo,
un centro de investigación y producción científica
donde miles de profesionales dan lo mejor de sí mismos con
la esperanza de hacer algo positivo por la humanidad, a sabiendas
de que su aportación puede ser muy importante en la vida
de millones de personas. Se ha tachado a la IF, a lo largo de la
historia y cada vez con más ahínco, de interesada
y materialista, y sus detractores se esfuerzan en resaltar tan sólo
lo que podría parecer ser su único objetivo: ganar
dinero a cualquier precio; pero cierran los ojos ante muchos aspectos
positivos que, para ser justos, también deberían destacarse.
Hay que tener en cuenta que si la IF no ganara dinero, no podría
invertirlo en mejorar y salvar la vida de millones de personas y
se perderían muchas y beneficiosas aportaciones a la salud
en el más amplio sentido de la palabra.
Investigación e industria
biomédica
El camino que hay que recorrer
hasta que una medicina puede estar disponible en el mercado es muy
largo y se necesitan muchos años. Hay que partir de miles
de moléculas para que alguna de ellas llegue a ver la luz
y, en el caso de que así suceda, su lanzamiento no tendrá
lugar hasta pasados diez o quince años desde la idea inicial.
Muchas moléculas se pierden en el camino y se abortan sin
llegar siquiera a la fase de descubrimiento y, de aquellas que sí
la inician, tan sólo el 7% llegará a convertirse en
un nuevo medicamento. Entre la fase de descubrimiento de la molécula
y la fase de investigación básica transcurrirán
alrededor de cinco años, para después entrar de lleno
en la etapa de investigación clínica (fases I-III),
en la que se invertirán no menos de otros 5 ó 6 intensos
años. Durante la fase III, miles de pacientes que presentan
la enfermedad que se quiere estudiar recibirán el fármaco
experimental, siempre mediante su inclusión en ensayos clínicos
estrictamente controlados y realizados por los investigadores más
prestigiosos. Una vez finalizada, se pasará a la fase de
registro, para la que habrá que preparar un extenso dossier
que recopile los resultados de todas las investigaciones realizadas,
y que se presentará para su valoración al organismo
regulador correspondiente (FDA, EMEA, etcétera).Tras meses
de evaluación por un comité de expertos, si todo es
favorable se obtendrá la aprobación del nuevo medicamento.
A partir de aquí pueden pasar desde meses hasta años
para conseguir su comercialización en un país concreto,
y será después de entonces cuando se pondrá
en marcha la llamada fase IV de investigación, donde los
estudios con pacientes valorarán sobre todo la seguridad
del medicamento en su uso crónico a largo plazo. Es necesario
comentar que, además de estos 11 a 15 años de esfuerzo,
en el desarrollo de un nuevo medicamento se invierten entre 800
y 1.000millones de dólares, mientras que el tiempo del que
se dispone para obtener un beneficio económico que compense
la inversión será muy breve, ya que el período
de patente que se otorga a un medicamento es de sólo 20 años,
contados a partir de que se inicie su desarrollo. Una vez que la
patente haya expirado, otros laboratorios podrán comercializar
ese mismo principio activo en forma de medicamento genérico,
con lo que las ventas y las ganancias disminuirán considerablemente
para el descubridor. Esto explicaría, en cierto modo, por
qué el precio de algunas medicinas es tan elevado.
Industria biomédica
y salud sexual
El lanzamiento de Viagra (sildenafilo)
en el año 1998 supuso un auténtico fenómeno
social a nivel mundial, tanto entre los profesionales de la salud
como entre el público en general. Fue a partir de entonces
cuando se empezó a hablar de sexo en todos los medios de
comunicación y a requerirse la opinión de los expertos
con asiduidad. El fenómeno Viagra se había puesto
en marcha, abriendo un camino inédito y hasta entonces poco
transitado (1).
Otro hecho interesante para analizar
es observar cómo ha evolucionado la medicina sexual en los
últimos años hacia una disciplina que es cada vez
más científica. Esta evolución también
ha estado muy influenciada por el desarrollo de los fármacos
para la disfunción eréctil y se va a poner de manifiesto
principalmente en los estudios científicos, en el manejo
clínico de los pacientes y en el progresivo reconocimiento
de las disfunciones sexuales como un problema de salud pública
(2).
Impacto científico
de sildenafilo
Durante el proceso científico
que culminó con el lanzamiento de sildenafilo, se produjo
un cambio importante en la comunidad investigadora relacionada con
la medicina sexual, ya que se incrementó tanto la investigación
básica como la investigación clínica en el
ámbito sexológico. El laboratorio Pfizer empezó
a identificar a los principales expertos en sexualidad de todo el
mundo y muchas personas, hasta entonces casi anónimas, fueron
buscadas, reconocidas y dotadas de medios bien para empezar o bien
para seguir investigando.
Una aportación decisiva fue
cuando parte de la investigación se centró en las
definiciones relacionadas con la función eréctil,
algo nada sencillo para lo que hubo que desarrollar y validar numerosos
cuestionarios que cuantificaran la valoración subjetiva de
los pacientes. Basados en la eficacia de estos instrumentos, en
los últimos años se han desarrollado con éxito
numerosos cuestionarios, que exploran diversos aspectos de la respuesta
sexual, tanto masculina como femenina, y que son de gran utilidad
para el sexólogo.
En general, durante las últimas
dos décadas se ha ido introduciendo en la medicina sexual
el modo de hacer investigación de alto nivel, lo que abarca
desde la metodología y los conceptos del diseño clínico
hasta la realización de estudios multicéntricos internacionales,
con reclutamiento de gran cantidad de pacientes y con criterios
de inclusión/exclusión rigurosos (2).Toda esta metodología
ha mejorado el campo de la medicina sexual, ha elevado los estándares
y, lo más importante, ha mejorado el concepto de la sociedad
científica hacia los estudios y los resultados obtenidos
en los mismos, de manera que la investigación ha llegado
a ser considerada y valorada en sexología con la misma seriedad
que lo es en otras disciplinas científicas.
El impacto de sildenafilo en la práctica
clínica también ha sido importante. El hecho de que
algunos médicos de atención primaria empezaran a considerar
en su consulta las disfunciones sexuales supuso un gran impulso
para la salud sexual (3). A raíz del creciente interés
por la sexualidad, la industria biomédica ha patrocinado
durante los últimos años numerosos cursos de formación,
que se han impartido sobre todo a médicos de familia y a
médicos generales, aportándoles conocimientos de una
disciplina que, por extraño que parezca, no se enseña
en las Facultades de Medicina, a pesar de ser tan importante para
la salud integral del individuo y de tener tantas repercusiones
a nivel social, humano y sanitario.
Seguir analizando aspectos positivos
y aportaciones de la industria biomédica a la salud sexual
extendería en exceso este artículo, pero quisiera
al menos mencionar alguno relevante, como la formación de
miles de farmacéuticos en salud sexual o la información
difundida a muchos hombres con disfunción eréctil
y a sus parejas, quienes a través de asociaciones de pacientes
como las de diabéticos, cardiópatas, lesionados medulares
o alcohólicos rehabilitados, han recibido conferencias que
les han dejado llenos de esperanza y de agradecimiento. También
mediante páginas web de información sobre disfunción
eréctil o de teléfonos de información directa
al ciudadano se ha intentado fomentar la importancia de los problemas
sexuales, así como la existencia de soluciones y de expertos
para solucionarlos. A la industria farmacéutica le interesa
fomentar la importancia de la sexualidad, de la salud sexual y de
los sexólogos, lo que ayuda mucho a conseguir que el prestigio
de los mismos sea cada vez más reconocido y sus servicios
más solicitados.
Todavía queda mucho camino
por andar, si bien es mucho el tramo que llevamos caminado. Afortunadamente
está en marcha el desarrollo de nuevos medicamentos, indicados
para otras disfunciones sexuales, lo que ayudará a que el
impulso de la industria biomédica siga impactando positivamente
en la salud sexual de los seres humanos y por tanto en su felicidad.
S. Jiménez Morueco
Médico. Máster en Sexología. Departamento
Médico de Pfizer España.
Miembro de la SEIS (Sociedad Española de Intervención
en Sexología)
Referencias
1. Marsall Y. Book review: The rise
of Viagra: how the little blue pill changed sex in America. N Engl
J Med December 2004;351;26. 2776.
2. Burnett AL. The impact of sildenafil
on molecular science and sexual health. European Urology 200;446:9-14.
3. Tomlinson JM, Wright D. Impact
of erectile dysfunction and its subsequent treatment with sildenafil:
qualitative study. BMJ, doi:10.1136/ bmj.38044. 662176.EE (published
29 March 2004).
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