| Nuevo recurso terapéutico contra la eyaculación precoz
Hace aún no muchas semanas la empresa farmacéutica Jansen-Cilag ha comenzado la comercialización de un nuevo y esperado fármaco, el PRILIGY® (dapoxetina) después de varios años de investigación y algunas dificultades para su aprobación. Este nuevo recurso farmacológico para el tratamiento de una disfunción sexual masculina tan frecuente como la eyaculación precoz, constituye de entrada un arma terapéutica con indicación específica para este problema, a diferencia de los antidepresivos ISRS que venimos utilizando desde hace años con éxito. Además, su aportación más novedosa es que su farmacocinética corta permite su empleo a demanda, a diferencia de lo que ocurría con los ISRS que utilizábamos hasta ahora, cuyo uso había de ser crónico.
Quienes venimos trabajando desde hace años en la práctica clínica sabemos que la eyaculación precoz es por su alta prevalencia uno de los motivos de consulta más frecuentes al sexólogo/a y, en menor medida, al urólogo/a, andrólogo/a o médico/a de familia. Sin embargo, su correcto abordaje se encuentra expuesto a varios riesgos y potenciales dificultades que no debemos obviar.
En estas semanas hemos podido leer y escuchar opiniones sobre la etiología de la eyaculación precoz en las que se “reconceptualiza” ésta considerando como causa de la misma exclusivamente la neurobiológica, obviando el componente psicológico, sexológico y relacional que tanto protagonismo etiológico tiene en los pacientes. Es por tanto momento de recordar clasificaciones etiológicas de la EP tan ampliamente aceptadas como la de Metz y Pryor, en las que se establecen diferentes y realistas opciones etiológicas del problema. Debemos huir del reduccionismo biológico que puede suponer una tentación explicativa para quienes no disponen de una experiencia clínica amplia en el abordaje de esta disfunción.
Otro de los aspectos que no debemos obviar es la necesidad de un correcto diagnóstico sexológico que tenga en cuenta que, pese al autodiagnóstico con el que el paciente acude a consulta, en ocasiones nos encontramos con situaciones en las que sus
expectativas irracionales o falsas creencias generan en el paciente y/o en su pareja una autopercepción distorsionada de problema o disfunción. Es necesario detectar los casos en los que la intervención clínica debe circunscribirse a administrar al paciente una adecuada información sexual y centrar sus expectativas.
Algunos de los profesionales de la salud que a partir de ahora se van a interesar y a comenzar a intervenir en esta disfunción, no disponen aún de una suficiente perspectiva sexológica del problema ni de la experiencia clínica necesaria para su correcto abordaje, por lo que se enfrentan al riesgo de realizar una intervención que sólo contemple la prescripción farmacológica cuando numerosos estudios publicados y la propia experiencia clínica nos muestra invariablemente que el tratamiento farmacológico sólo tiene el grave inconveniente de que, pese a su gran eficacia, es un tratamiento sintomático cuya retirada garantiza prácticamente la recaída, mientras que el abordaje combinando de terapia farmacológica y terapia sexual arroja las mayores tasas de adherencia y éxito terapéutico, además de que en muchos casos permite al paciente prescindir a medio plazo del medicamento manteniendo los resultados obtenidos.
El objetivo final debe ser que gracias a las estrategias que el consejo o la terapia sexual aportan, el paciente y su pareja superen la ansiedad y frustración que el problema les supone o adquieran las habilidades y el ajuste sexual necesario para mejorar el control eyaculatorio mediante un mejor autorreconocimiento de su respuesta sexual y la mejora de la gestión consciente y voluntaria de su reflejo eyaculatorio.
Sin duda, por tanto, los mayores beneficios de este nuevo fármaco se obtendrán de una correcta prescripción apoyada en un completo diagnóstico sexológico que contemple aspectos médicos, psicológicos y sociales, y que detecte los factores predisponentes, precipitantes y mantenedores de la eyaculación precoz.
Auguro que la dapoxetina va a suponer un valioso recurso para los profesionales de la sexología y de la salud sexual, pero si no tenemos en cuenta estos factores será muy fácil caer en la prescripción a demanda que, además de derivar en una no deseable medicalización de la sexualidad, pondrá en riesgo la adherencia al tratamiento y la eficacia de la intervención clínica. No olvidemos que en salud sexual el componente emocional es especialmente importante y un elemento etiológico determinante.
Carlos San Martín Blanco.
Médico. Sexólogo. Psicoterapeuta.
Coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA) de Santander.
Presidente de la Asociación Española para la Promoción Integral de la Salud Sexual.
Director Asociado de la Revista Sexología Integral.
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