Números anteriores: Vol.5 nº3-2007

 
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Ofensores sexuales y alarma social. ¿Tenemos una respuesta eficaz?

   La agresión sexual no es un fenómeno nuevo. Ha estado presente en las sociedades humanas desde tiempos inmemoriales pero, en la actualidad y debido al impacto y al rechazo social, está recibiendo gran atención mediática y gubernamental y demanda soluciones eficaces ante actos tan devastadores como la muerte de menores en manos de pedófilos reincidentes, así como la ineficacia de las medidas legales y terapéuticas utilizadas para un importante número de delincuentes sexuales.

   La alarma social genera errores de apreciación en cuanto a la frecuencia de los delitos sexuales puesto que, y aunque algunos de ellos sean realmente conductas gravísimas, en conjunto su frecuencia es baja si la comparamos con otras tipologías delictivas como el robo. También existen abundantes distorsiones acerca de la etiología o de las causas de la agresión sexual que gran parte de la población suele atribuir a patologías irreversibles (1).

   Para que un programa de tratamiento de agresores sexuales sea eficaz es necesario haber estudiado científicamente a estos delincuentes. Este tipo de estudios científicos surgieron por primera vez a finales del siglo XIX, con la publicación de los libros Psychopathic Sexualis, en 1886, de Richar von Krafft-Ebings (2), Perversions, en 1893, de Albert Moll (3) y, finalmente, Three Essays on the Theory of Sexuality, en 1905, de Sigmund Freud (4). Pero lo que caracterizó a estos incipientes comienzos fue la falta de rigor científico hasta mediados de la pasada centuria, donde miles de hombres fueron condenados por agresión sexual y algunos de ellos fueron castrados, pero tanto la ética como un análisis detallado pusieron de manifiesto que la castración no era un procedimiento aceptable y se dejó de utilizar en numerosos países (5).

DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LOS OFENSORES SEXUALES

   A lo largo de la historia, la sexualidad -por diferentes razones- ha sido un tema cargado de prejuicios y de actitudes negativas. Como consecuencia de ello, aún hoy en día la información que se transmite está plagada de conceptos erróneos y de carga negativa para una gran proporción de la población, hechos que condicionan la persistencia de diversos problemas que ocasionan sufrimiento personal y social: trastornos sexuales, abusos sexuales a menores, violencia entre los sexos, infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados, entre otros. Las prácticas y las reglas que acompañan al intercambio sexual humano son muy variadas, tanto que a veces esta variedad es sorprendente. Lo que en unas culturas se considera amoral y antinatural, en otras puede ser normal, natural y hasta preceptivo. Ahora bien, en todas las culturas y grupos humanos ciertas prácticas relacionadas con el comportamiento sexual no sólo no están admitidas sino que son castigadas de un modo u otro. En general, los motivos por los que se consideran antisociales ciertos tipos de comportamientos sexuales tienen que ver con las consecuencias del mismo: daño o lesión a los demás, violación de reglas y alteración del orden social (1).

   Por consenso científico se han adoptado unos criterios para el diagnóstico de los ofensores sexuales, estando incluidos dentro del amplio grupo de las parafilias (6). Las ofensas sexuales a niños y las agresiones sexuales hacia mujeres adultas son las que ocupan la mayor proporción de actos criminales documentados, y los individuos que realizan exhibicionismo, pedofilia, voyeurismo y violación comprenden la mayoría de los procesados por delitos sexuales.

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE UN COMPORTAMIENTO SEXUAL DELICTIVO?

   Las respuestas más comunes han sido dispensar a los ofensores un tratamiento severo. Sin embargo, el índice de delitos sigue siendo alto, por lo que se evidencia que este tipo de solución no produce los resultados deseados. La solución más plausible, en principio, debería cimentarse en el estudio científico del comportamiento delictivo, la evaluación de las causas, el tratamiento para evitar la reincidencia y todo ello combinado con una respuesta adecuada de la justicia penal.

EVALUACIÓN

   Es un hecho probado que los ofensores sexuales son un grupo heterogéneo, al igual que lo son otro tipo de ofensores no sexuales y que la población general. Ahora bien, los resultados de investigaciones sobre evaluaciones psicológicas con ofensores sexuales, comparados con otro tipo de ofensores no sexuales, tanto violentos como no violentos, han demostrado que los ofensores sexuales se diferencian del resto de ofensores en rasgos de personalidad, en problemas de conducta y en características demográficas (7).

   En cuanto a la identificación de factores de riesgo para el desarrollo de pedofilia, exhibicionismo, violación y parafilias en general, en estudios donde se han comparado ofensores sexuales con otros no sexuales -como, por ejemplo, hombres normales de características demográficas similiares- los resultados han mostrado que un alto porcentaje de sujetos parafílicos han sufrido abuso emocional y/o sexual en la niñez, han vivido en una familia disfuncional y han tenido problemas de conducta durante la infancia. Por otro lado, el abuso emocional en la niñez y tener una familia disfuncional ha sido encontrado como un consistente factor de riesgo para pedofilia, exhibicionismo, violación o parafilias múltiples. En cambio, el abuso sexual durante la niñez fue encontrado como un factor específico de riesgo para la pedofilia (8, 9).

   La evaluación de una persona con conducta parafílica es difícil y compleja. Se requiere, por un lado, evaluar los determinantes no sexuales: personalidad, salud mental, habilidades sociales, relación familiar, relación de pareja si tuviere. Por otro lado, se requiere evaluar los determinantes sexuales: historial psicosexológico (descripción de posibles problemas sexuales actuales, desarrollo psicosexual, primeras experiencias sexuales y relaciones sexuales actuales), elementos cognitivos (evaluación del estado mental, fantasías sexuales), análisis detallado de la secuencia parafílica, cuestionarios sexuales y evaluación psicofisiológica (10).

TRATAMIENTO

   Distintas modalidades de tratamiento se han venido utilizando para el tratamiento de las parafilias: castración quirúrgica, farmacoterapia y psicoterapia desde diferentes modelos: psicoanalítico, conductual y cognitivo-conductual (11, 12).

   La intervención farmacológica puede consistir en usar antiandrógenos (acetato de ciproterona o medroxiprogesterona son los más utilizados) para reducir completamente la secreción de testosterona y/o antagonizar la acción de la testosterona a nivel de los receptores

   El problema es que los antiandrógenos solamente son efectivos relativamente a altas dosis y tienen un número importante de efectos secundarios severos que limitan su uso considerablemente. Más recientemente se han venido utilizando hormonas agonistas liberadoras de gonadotropinas (GnRH), como el acetato leuprolide que libera la hormona luteinizante (LH-RH) y que tiene un potente efecto antiandrógeno reversible con muchos menos efectos secundarios y que ha demostrado ser efectivo tanto en reducir síntomas parafílicos como en prevenir recaídas bajo tratamiento, en pacientes adultos con distintas parafilias: pedofilia, sadismo sexual, frotteurismo, exhibicionismo, voyeurismo.

   Se presenta, por ello, como una prometedora forma de terapia efectiva, junto con la psicoterapia, para el control de ofensores sexuales (11). Otra forma de farmacoterapia utilizada son los fármacos psicotrópicos antidepresivos (trazodona e inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina), que pueden ser efectivos en casos menos severos, sobre todo en hombres con un definido componente de trastorno obsesivo-compulsivo (13).

   Respecto a la psicoterapia, en estudios comparativos entre los distintos modelos, conductual, cognitivo-conductual y psicoanalítico, la terapia cognitivoconductual es la estrategia que mejores resultados ha producido tanto para reducir o controlar el impulso sexual parafílico, modificar distorsiones cognitivas y mejorar habilidades sociales, como para aumentar el interés sexual por estímulos y conductas sexuales adecuadas, además de reducir los porcentajes de recidivas (12, 14).

   Finalmente, se concluye, en base a la evidencia científica, que el algoritmo de tratamiento en ofensores sexuales debe comenzar por tratamientos menos restrictivos como la psicoterapia, siempre que sea posible, y pasar a tratamientos más restrictivos como las terapias biológicas solamente cuando sea necesario (15).

BIBLIOGRAFÍA

1. Redondo S (coord.). Delincuencia sexual y sociedad. Barcelona: Ariel, 2002.
2. Von Krafft-Ebing R. Psychopathia sexualis. Stuttgart: Ferdinand Enke, 1901.
3. Moll A. Les perversions de l’instict genital. Étude sur l’inversion sexualle basee sur des documents officials. París: G. Carre, 1893.
4. Freud S. Three essays on the theory of sexuality, en J. Etrachey (ed., y trad.). The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (1955). Londres: Hogart Press, 1905.
5. Marshall WL. Agresores sexuales. Barcelona: Ariel, 2001.
6. American Psychiatric Association. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR). Barcelona: Masson, 2002.
7.Van Wijk A, Van Horn J, Bullens R, Bijleveld C, Doreleijers T. Juvenile sex offenders: a group on its own? Int J Offender Ther com Criminol 2005;49(1):25-36.
8. Lee JK, Jackson HJ, Pattison P, Ward T. Developmental risk factors for sexual offending. Child Abuse Negl 2002;26(1):73-92.
9. Cohen LJ, McGeoch PG, Gans SW, Nikiforov K, Cullen K, Galynker II. Childhood sexual history of 20 male pedophiles vs. 24 male healtht control subjects. J Nerv Ment Dis 2002;190(11):757-66.
10. Cáceres J. Parafilias y violación. Madrid: Síntesis, 2001.
11. Rosler A, Witztum E. Pharmacotherapy of paraphilias in the next millennium. Behav Sci Law 2000;18(1):43-56.
12. Kenworthy T, Adams CE, Bilby C, Brooks-Gordon B, Fenton M. Psychological interventions for those who have sexually offended or are at risk of offending. Cochrane Database Syst Rev 2004;(3): CD004858.
13. Terao T, Nakamura J. Exhibitionism and low-dose trazodone treatment. Hum Psychopharmacol 2000;15(5): 347-9.
14. Lindsay WR, Taylor JL. A selective review of research on offenders with developmental disabilities: assessment and treatment. Clin Psychol Psychother 2005;12(3):201-14.
15. Krueger RB, Kaplan MS. Behavioral and psychopharmacological treatment of the paraphilic and hypersexual disorders. J Psychiatr Pract 2002;8(1):21-32.

 

Felipe Hurtado Murillo.
Doctor en Psicología. Especialista en Psicología Clínica y Sexología
Facultativo Especialista de Área de la Agencia Valenciana de Salud. Centro de
Salud Sexual y Reproductiva “Fuente San Luis”, Valencia. Director del Máster
Universitario en Sexología y Salud Sexual y del Diploma Universitario en
Sexología y Salud Sexual. Profesor asociado del Máster Internacional en
Migraciones de la Universidad de Valencia, Valencia.

 

       

 

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