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Sexualidad y adicción
No es casual que en el título de esta breve reflexión encontremos una conjunción copulativa; quizás podríamos haber encontrado, más coherentemente, una disyuntiva o sencillamente una contracción a la manera actual: sexoadicción. Creemos que este término nosológico en construcción reclama una mayor atención desde la epistemología y la sexología clínica. Es importante la elección terminológica; la "adicción al sexo" constituye un correlato conceptual de términos antiguos. Asocia adicción, que nos refiere clásicamente a una sustancia psicoactiva, un objeto, a lo que podemos entender como otro objeto, el sexo, la antigua "genitalia". Actualmente, sin embargo, podemos tener muchas dificultades para entender a qué se hace referencia cuando se habla de adicción al sexo. En realidad, este constructo da por supuesto dos hechos: acepta la discutida categoría de "adicción social" (compras, deporte, trabajo, ver la televisión, juegos con el ordenador) e incluye la experiencia sexual entre los hábitos adictivos, cuando ésta tiene una importante función fisiológica, entre otras objeciones. Recientemente, en esta misma publicación se ha tratado la discusión acerca de las adicciones sociales (1); añadimos a los argumentos críticos la posibilidad de que proponer el comportamiento sexual como "adictivo" suponga una reedición políticamente correcta del ya caduco concepto de "vicio". De hecho, el mismo adjetivo de estas adicciones "sociales" habla de hasta qué punto pueden ser constructos normativos acerca de las costumbres y el "dominio de sí" en la sociedad actual. Hecho que, por otra parte, nada tiene de nuevo ni de extraordinario. Pero, entonces, podemos partir de que la discusión debe girar en torno a la gestión de los hábitos sexuales y sus trastornos o en torno a la sexualidad en su relación con las adicciones; en esa disyunción sí sabemos de qué estamos hablando.
Los hábitos sexuales y sus trastornos
Los hábitos son conductas biográficamente aprendidas que se llevan a cabo de forma repetida hasta que se realizan de forma rutinaria. Al igual que la función sexual, tienen un lugar importante en la estrategia de supervivencia o adaptación del ser humano. Gran parte del comportamiento humano se estructura en hábitos que son biográficamente aprendidos. Aquellos hábitos en torno a la gestión del ocio, el entretenimiento, la intimidad, los cuidados corporales, las actividades creativas y los placeres, en los que la complejidad de los hábitos básicos o fisiológicos juega un importante papel, podrían ser encuadrados en lo que se denomina "estilo de vida". Estas estrategias complejas, con fuerte determinación sociocultural, suponen unas formas de gestión de los placeres y tienen gran importancia en el sentimiento de bienestar.
Las conductas eróticas son una variable expresiva, conductual y social; son expresiones de la biografía y la personalidad del individuo que aportan oportunidades para la obtención de sensaciones emocionales profundas y creativas o de intimidad. Sin embargo, carecemos de una cultura positiva del placer. La paradoja actual es la de una salud sexual fundada sobre el valor positivo de la erótica en una sociedad asentada sobre el sexo como antivalor. Además, hoy asistimos a un hecho diferencial con respecto al uso de estos placeres, estas conductas que en otras épocas estaban más reguladas por la tradición. Hoy en día son gestionadas y decididas por cada sujeto, que las vive como expresión importante de su identidad, de su íntimo estar en el mundo, por algo que corresponde a la "reflexividad del yo" (2). "El hombre sin atributos" de Musil, citado por Baumann (3), da cuenta de los sujetos sin referentes en la sociedad líquida posmoderna. Es desde esta perspectiva que comprendemos el carácter problemático actual de la gestión del placer y la medicalización y los intentos nosológicos de las conductas eróticas "por exceso".
Los problemas en los hábitos sexuales se refieren a las relaciones de pareja, al modelo social de erótica, a las frecuencias y a las diferencias sexuales. Problemas en el uso de los placeres y de las identidades. Ambos tipos de problemas son frecuentes y se solapan en las demandas de consulta. Pero aquí debemos prestar atención a aquellos casos extremos en los que al menos durante seis meses la frecuencia en la actividad sexual comporta malestar, un sentimiento de descontrol e incluso interfiere con la funcionalidad social del sujeto. Éstos serían criterios básicos para el antiguo diagnóstico de hipersexualidad: el impulso sexual excesivo o el deseo sexual hiperactivo, que hoy se incluyen en los trastornos sexuales no especificados (DSM-TV-TR) bajo distintas propuestas nosológicas: la actividad compulsiva no parafílica (4), bajo el modelo de la ansiedad de los trastornos obsesivo-compulsivos, la adicción al sexo bajo el modelo de los trastornos impulsivos de las adicciones a sustancias psicotropas (5) o los trastornos en relación a las parafilias (6), fundamentalmente por la semejanza en la presentación y características. Es probable que cada uno de estos modelos tenga que estar presente para dar una explicación global a este tipo de trastornos.
Independientemente de la necesidad de implementar la discusión nosológica y los estudios sobre los casos en que se encuentra hiperactividad sexual, creemos necesario hacer algunas consideraciones. En primer lugar, es necesario considerar elementos biográficos en la comprensión del problema, así como del ciclo vital. En segundo lugar, en la valoración no se pueden obviar las consideraciones socioculturales. Y, en tercer lugar, se trata de un trastorno sexual primario ya que, al igual que en las parafilias -y esto lo diferencia del TOC, de las obsesiones sexuales (7) y de los cuadros por sustancias psicoactivas-, la dinámica del trastorno provoca una respuesta sexual con su correspondiente historia de erotización. Por tanto, el marco global y el continuo sobre el que podemos trabajar son el deseo sexual y la gestión de la actividad sexual.
La sexualidad en las adicciones
Existe cada vez un mayor consenso en neurociencia acerca de que las drogas usurpan el circuito de recompensa con el que se establecen los hábitos que provocan satisfacción (8). Ese circuito de aprendizaje transformado exógenamente perderá los atributos de inserción social y control del hábito que caracterizan al circuito de recompensa propio de los hábitos no estimulados con psicotrópicos. La adicción es un proceso de plasticidad neural que refuerza un hábito y una pérdida del control sobre él (9).
Las construcciones teóricas actuales sobre la adicción hacen referencia a un continuo de conducta hábito hábito con dependencia hábito adictivo. El proceso que subyace a este continuo es el de un aprendizaje que se ve reforzado intensamente por la sustancia adictiva en el caso de las adicciones químicas. Si intentáramos sistematizar el efecto de las sustancias tóxicas sobre la erótica podríamos decir, a modo de esquema, que tienen un comportamiento dosis-dependiente en su consumo puntual y un comportamiento bifásico en el largo consumo; en ambos casos las dosis bajas como el corto consumo pueden favorecer los episodios de respuesta sexual, en general por su efecto desinhibidor, mientras que la dosis alta como el largo consumo baja la respuesta sexual. Además, los trastornos sexuales en ocasiones pueden achacarse en su totalidad al consumo de sustancias tóxicas en relación al deterioro sistémico. En cualquier caso, no debemos olvidar esa usurpación de un aprendizaje para el placer, elemento central de la comprensión de la adicción.
Pero la pregunta que no podemos evitar es: ¿cuál es la recompensa, cuál es la compensación o el placer que ofrece la sustancia adictiva? Diversos autores coinciden en que la droga sustituye a la "intimidad", "a la gente", al "placer sexual", etc. Son gratificaciones que tienen mucho que ver con algunas de las funciones sexuales: generar intimidad, comunicación, autoestima y sensación de bienestar personal. Lo que resta es saber en qué se diferencian las recompensas según los distintos aprendizajes, el "químico" y el de las estrategias de bienestar que no están bajo el paradigma del consumo. De momento es claro que los efectos sobre la corporalidad, la identidad o la intimidad son opuestos, de forma que desde una perspectiva sexológica podemos considerar seriamente la posibilidad de la conjunción disyuntiva: sexualidad o adicción.
La gestión de los placeres y la intervención sexológica
De forma esquemática también, podríamos considerar la gestión de la erótica sujeta a diferentes procesos de socialización, simplificados históricamente bajo el imperativo del "dominio de sí" en el mundo griego (Foucault), bajo la norma y la negación en la Edad Media, con un florecimiento entre el Renacimiento y las revoluciones del XVIII , y bajo la norma de nuevo y un proceso de medicalización a partir del XIX . En esta última lógica, tenemos hoy que dar cuenta de cambios radicales en las identidades sexuales en un entorno permisivo posmoderno.
La formulación de la salud sexual desde el modelo bio-psico-social como nuevo paradigma del último cuarto del siglo XX señala una dirección en el abordaje de los problemas en relación a la gestión de los placeres. Esta nueva cultura, sin embargo, pretende la emancipación de una socialización del consumo, cuyo primer mandamiento es la satisfacción inmediata de los deseos, asunto de interés para nuestra disciplina en sus intervenciones clínicas y educacionales. Paralelamente, desde la sexología existe una afirmación de los placeres, al contrario que en otras formas de abordaje. Y esto desde dos ideas clave que son paradigmáticas en la intervención sexológica y que vemos confirmadas en la experiencia clínica. Desde las formulaciones en las adicciones, las encontramos, por un lado, en la idea de Marlat (10) según la cual "el nuevo aprendizaje sustituye lo aprendido" y, por el otro, en la idea de Wegner (11) según la cual los esfuerzos por suprimir las obsesiones sexuales resultan en su incremento paradójico. De esta forma, los problemas por exceso de actividad sexual encuentran en la gestión del deseo y el aprendizaje erótico un marco para su comprensión y asistencia, una vez realizado un correcto diagnóstico diferencial
En cuanto a la posibilidad de que las adicciones a sustancias impliquen una forma de carencias afectivas o emocionales, sí que hay una interesante relación con la sexualidad y por tanto con la sexología. A través de las intervenciones de información, consejo, asesoramiento y en su caso terapia sexológica, estas carencias pueden ser mejoradas y por tanto formar parte del proyecto global en los programas para la prevención de recaídas en la drogadicción. Proponemos, por tanto, desde una perspectiva interdisciplinaria, la conjunción copulativa: sexualidad y adicción. Ambos términos se reúnen, como campo privilegiado y como campo problemático respectivamente, en torno a la necesidad del aprendizaje y, por tanto, en torno a una nueva cultura en la gestión de los placeres.
P. La Calle Marcos
Centro Galena Salud.
Miembro de la Junta Directiva de la S.E.I.S.
Prof. Ext. de las Universidades de Almería y Sevilla
Referencias
1.
Fora F. Adicción al Cibersexo: Diagnóstico virtual para un problema real. Sexología Integral 2007;4(1):41-8.
2.
Giddens A. La trasformación de la intimidad. Madrid: Ed. Cátedra, 1992.
3.
Baumann Z. Amor líquido. Madrid: Ed. Fondo de Cultura Económica, 2005. (orig. 2003).
4. Coleman E. Is your patient suffering from compulsive sexual behavior? Psychiatric Annals 1992;22(6):320-425.
5. Carnes P. Out of the shadows: Understanding sexual addiction. Minneapolis, MN: CompCare Publishers, 1983.
6. Kafka MP. The Paraphilia-Related Disorders: A Proposal for a Unified Classification of Nonparaphilic Hypersexuality Disorders. Sexual Addiction & Compulsivity 2001;8:227-39.
7. Gordon WM. Sexual obsessions and OCD. Relationship Therapy, 2002;17 (4):343-54.
8. Steven E, Hyman MD. Addiction: A Disease of Learning and Memory Reviews and Overviews. Am J Psychiatry 2005;162:1414-22.
9. Everitt BJ, Wolf ME. Psychomotor Stimulant Addiction: A Neural Systems Perspective. The Journal of Neuroscience 2002;22(9): 3312-20.
10. Marlatt GA. La prevención de recaídas en las conductas adictivas: un enfoque de tratamiento cognitivo-conductual. En: Casas M, Gossop M (eds). Recaída y prevención de recaídas. Barcelona: Neurociencias, 1993;137-59.
11. Wegner DM. Ironic processes of mental control. Psychological Review 1994;101(1):34-52.
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