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Una reflexión acerca de la igualdad, las diferencias, las necesidades, los derechos y los conflictos
Todas las personas somos básicamente iguales en cuanto a posibilidades de desarrollo, aunque tenemos diferentes rasgos, gustos, ideas, capacidades y habilidades que hay que saber respetar, aceptar y tolerar.
Siendo, por ello, importante evitar la discriminación por razones de sexo, raza, comportamientos, ideas, creencias..., puesto que la diferenciación en este sentido es algo enriquecedor y positivo. Ahora bien, hay que rechazar aquellas conductas que violen la libertad de elección y coarten nuestro comportamiento.
Dondequiera que haya llegado una persona puede llegar igualmente cualquier otra. Sólo es necesario poner en juego la propia voluntad. La fuerza de voluntad, al igual que cualquier capacidad humana, como la fuerza física, la resistencia o la habilidad en cualquier materia, está al alcance de todo el mundo, y sólo hay que desarrollarla a base de entrenamiento, de pequeños y repetidos actos de voluntad, para ir, poco a poco, creando el hábito, desarrollando nuestra personalidad. Para tener control de nuestra vida, tenemos que lograr saber lo que es importante para cada uno. No podemos tomar decisiones si no sabemos lo que valoramos, ni en lo que creemos ni cuáles son nuestros sentimientos y opiniones acerca de los diferentes aspectos a los que tendremos que enfrentarnos en la vida: dinero, religión, política, ecología, sexo, guerra, paz, pena de muerte, control de armas, drogas, educación...
Tenemos muchas necesidades: comer, dormir, un lugar para vivir, dinero. También necesitamos ser amados, el contacto físico, tener amigos y ser aceptados. Sabiendo lo que necesitamos, y estando dispuestos a encargarnos de nuestras propias necesidades, no dependeremos de otras personas para satisfacerlas. Contando contigo mismo y cuidándote ganas en independencia y autonomía.
Si estás dispuesto a tratarte bien, mantenerte en buena forma y a valorarte, entonces los demás querrán ser tus amigos. En cambio, si te muestras vulnerable y sin independencia puedes atraer a la gente, pero eso no te dará relaciones válidas y sanas. Saber tus derechos te ayudará a tomar decisiones y a defenderte; te liberará de las humillaciones y manipulaciones de otras personas. Derechos como:
- Ser tratado con respeto.
- Tener tus propios sentimientos y expresarlos.
- Tener tus propias opiniones y expresarlas.
- Decidir lo que para ti es más importante.
- Pedir lo que quieres, pero saber que los demás tienen el derecho a negártelo.
- Cometer errores y aprender de ellos.
- Ser escuchado y tomado en serio.
- Tener el control del propio cuerpo.
- Tener intimidad.
- Tener responsabilidad en las propias elecciones, comportamientos, pensamientos y sentimientos, asumiendo también las consecuencias.
Al hacer valer tus derechos, a veces es inevitable el conflicto. Éstos suelen comenzar con un malentendido, un desacuerdo, una queja o una conducta que no es aceptable para alguien. En algunas ocasiones comienzan por cosas no demasiado importantes; en otras tienen su origen en la necesidad de autoafirmación o en la falta de capacidad para aceptar la ambigüedad. Si no se solucionan adecuadamente, los conflictos pueden agrandarse y crear serios problemas a las relaciones: pérdida de amistades, enfados, peleas.
Lo más importante para solucionarlos es intentar observar algunas reglas:
- Analizar los elementos del conflicto antes de actuar visceralmente, tomándote tiempo para reflexionar y así saber lo que realmente pasa.
- Considerar los diferentes puntos de vista del conflicto, poniéndote en el lugar de la otra persona, intentando conocer y comprender sus argumentos, intereses, etc.
- Reflexionar sobre la mejor forma de defender los propios intereses: qué argumentos tengo, cómo puedo hacérselo entender al otro, cuál es el momento y la estrategia adecuada.
- Defender siempre los propios intereses de forma pacífica y correcta.
- Recurrir a terceras personas, aceptadas por ambas partes, si se es incapaz de encontrar una solución.
- Cumplir lo que se acuerda.
- Saber aceptar, con madurez y sin perder el equilibrio ni las buenas formas, que hay conflictos que no tienen solución durante un cierto tiempo o tal vez nunca. En estos casos lo importante es aceptarlo de forma pacífica y encontrar soluciones de compromiso por ambas partes.
Felipe Hurtado Murillo.
Doctor en Psicología. Especialista en Psicología Clínica y Sexología
Facultativo Especialista de Área de la Agencia Valenciana de Salud. Centro de
Salud Sexual y Reproductiva “Fuente San Luis”, Valencia. Director del Máster
Universitario en Sexología y Salud Sexual y del Diploma Universitario en
Sexología y Salud Sexual. Profesor asociado del Máster Internacional en
Migraciones de la Universidad de Valencia, Valencia.
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