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El futuro incierto
de la investigación en sexualidad femenina
Es obvio que el
estudio de la respuesta sexual masculina ha despertado mayor interés
científico que el de la femenina. La aparición del
Viagra® ha dado lugar a una explosión de investigaciones
en el campo de la sexualidad masculina; así, sólo
acerca del sildenafilo, en la base de datos Medline
se encuentran disponibles 1.610 publicaciones científicas
(2/11/03).
Por el contrario, hasta
fechas recientes no ha pasado lo mismo con la sexualidad femenina.
Se conoce con bastante precisión la mecánica de la
erección y el orgasmo masculino, habiendo una enorme cantidad
de estudios que aclaran los mecanismos ultraestructurales de la
respuesta sexual del varón; mientras tanto, en la mujer,
aparte de los clásicos estudios de Masters y Johnson (1)
sobre respuesta sexual femenina, precedidos por las entusiastas
aportaciones de Dickinson (2), apenas nada se ha ido añadiendo
hasta épocas muy próximas. Incluso el contenido de
alguno de los estudios resulta no tener especial relevancia. Así,
algunos investigadores se han esforzado por estudiar el tiempo que
las mujeres tardan en alcanzar el orgasmo desde el inicio de la
autoestimulación, la duración del orgasmo, el número
de orgasmos en la multiorgasmia, etc. Lógicamente, la ciencia
no tiene un antes y un después de la publicación de
estos estudios ni la sexualidad de la mujer ha mejorado a partir
del conocimiento destilado por los mismos.
Probablemente, el éxito
comercial del Viagra® ha servido, entre otras cosas, para que
la industria farmacéutica se decida a investigar la sexualidad
de la mujer, lo que nos ha llevado a conocer, por ejemplo, el mecanismo
del óxido nítrico a nivel vaginal y clitorídeo.
Se ha estudiado la influencia del VIP en la lubricación genital
y cómo la inhibición de la endopeptidasa, que facilita
su disminución, puede facilitar la lubricación.
Se han puesto en marcha
investigaciones para constatar cómo influyen las hormonas
durante la respuesta sexual, comprobándose los cambios en
la oxitocina (que parece un elemento de vital importancia en la
consecución de la multiorgasmia), el pico orgásmico
de la prolactina (posiblemente responsable de la disminución
del deseo inmediatamente después de la respuesta orgásmica)
y la influencia de la vasopresina. Otra línea de investigación
muy interesante, actualmente en marcha, es el estudio fisiológico
de la sexualidad a través de la imagen. Así, por medio
de la resonancia magnética (fMRI), de la emisión de
positrones (PET) y del flujo sanguíneo regional cerebral
(rCBF), se ha constatado el predominio del área cortical
prefrontal derecha, la activación del putamen y el claustrum,
al mismo tiempo que una discreta disminución en la actividad
de la amígdala durante la respuesta sexual femenina.
En esta línea,
a nivel genital y de forma experimental se están usando e
innovando algunos aparatos de medición. Se han perfeccionado
los fotopletismógrafos vaginales, habiéndose incorporado
a la técnica el láser doppler. Se está
usando la medición de la diferencia de potenciales transvaginales,
la medición de reflejos vaginales (especialmente en medicina
forense), la medición de la respuesta vaginal y clitorídea
a la vibración y la sensación al tacto con monofilamentos.
No obstante, al parecer la prueba genital de mayor interés
está resultando ser la medición del flujo sanguíneo
clitorídeo.
Para evaluar la funcionalidad
sexual femenina, se han elaborado nuevos cuestionarios tales como
el Brief Index of Sexual Functioning for Women (3), el
Female Sexual Function Index (4), el Sexual Function
Questionnaire (5) y el Cuestionario de Función Sexual
de la Mujer FSM (6).
Pese a los avances
realizados, todavía existen controversias a las que no se
les dedica la investigación necesaria. Sorprende que siga
existiendo la referente al punto G y la eyaculación femenina.
Recientemente, Hines (7) ha calificado de mito, más concretamente
de “UFO” (objeto volador no identificado), la existencia
de este fenómeno. Nosotros desde 1996 comenzamos a investigar
en este campo y quedó demostrada la presencia de antígeno
prostático específico (PSA) en el fluido expulsado
por algunas mujeres durante la respuesta sexual (8), lo que permite
afirmar que la denominada próstata femenina (glándulas
uretrales, parauretrales y de Skene) debe cumplir alguna misión
relevante en la fisiología sexual femenina, concluyendo que
la mayoría de las mujeres (75%) expulsaba cierta cantidad
de fluido durante la experiencia orgásmica, en cantidades
que, por ser escasas, no eran percibidas por gran parte de las mujeres
de la muestra. A pesar de los resultados descritos, no se han abierto
líneas de investigación que profundicen en este punto.
Curiosamente, los estudios
recientemente realizados van encaminados hacia la obtención
de un Viagra® femenino. En este sentido se ha empleado, por
ejemplo, el sildenafilo (Viagra), fentolamina (Vasofem),
apomorfina (Uprima), PGE1 (Femprox, Alista), HMP-12
(Adrenoceptor antagonista), PT-141 (alpha-melanocyte-stimulating
hormone), etc. Todos estos fármacos pretenden incrementar
la amplitud del pulso vaginal y, por ende, la lubricación,
además de obtener una erección clitorídea.
Una revisión de los trabajos existentes sobre sexualidad
femenina pone de manifiesto que el objetivo de estos fármacos
probablemente esté equivocado. Ya Masters y Johnson (1) manifestaron
que la lubricación no tenía relación con el
placer. En el mismo sentido, en un trabajo sobre lubricación
genital llevado a cabo por el autor del presente artículo,
tras diseñar una especie de pene de metacrilato, hueco en
su interior y con agujeros regularmente dispuestos y milimetrados
a todo lo largo, que permitía pesar la cantidad de lubricación,
los resultados de la medición del incremento de peso en la
pared vaginal anterior fueron de una media de 0,8724 g con una desviación
típica de 0,6843. En la pared posterior la media fue de 0,1939,
con una desviación típica de 0,4329. La correlación
entre pared anterior y posterior no fue significativa (r 0,042,
p= 0,086) y ni los datos obtenidos en la pared anterior ni los de
la pared posterior correlacionaban con el nivel de excitabilidad
y satisfacción reflejado en el Sexual Arousal Inventory
Expanded (SAI-E). Se podía afirmar con los datos
obtenidos que el incremento de la pared anterior no necesariamente
iba seguido de un incremento en la pared posterior. Posteriormente
se replicó el experimento con otro pene similar al del estudio
anterior, pero cuyos agujeros estaban dispuestos de forma que no
permitían recoger ninguna emisión uretral ni de las
glándulas de Skene, y en este caso, a diferencia del trabajo
precedente, el incremento de lubricación de la pared anterior
correlacionaba positivamente con el incremento en la pared posterior
(rxy 0,811, p< 0,01), lo que ponía claramente de manifiesto
que la uretra y glándulas de Skene ejercían alguna
misión durante la respuesta genital, pero una mayor lubricación
no correlacionaba con mayor excitabilidad y satisfacción
a la vista de los resultados obtenidos en el SAI-E. Por otro lado,
se ha visto que las mujeres no detectan claramente el nivel de lubricación,
lo que se ha demostrado por resonancia magnética y fotopletismografía
(9).
En suma, con los estudios
llevados a cabo, no parece que la cantidad de lubricación
genital tenga necesariamente que correlacionar con la excitabilidad
o con la satisfacción; sin embargo, todas las moléculas
en investigación lo que realmente producen es un incremento
de la lubricación o bien una erección clitorídea,
dando por supuesto que la lubricación y la erección
del clítoris implican una mayor excitabilidad. Es de reseñar
que estudios llevados a cabo con mujeres africanas víctimas
de la clitoridectomía (10) y, por tanto, sin posibilidad
de erectar el clítoris, manifiestan similares niveles de
placer. En definitiva, aún no se ha demostrado que la erección
clitorídea conduzca al placer más que el placer lleve
a la erección clitorídea. No obstante, la “Vía
Clitorídea” es una de las más demandadas por
la industria, y para mejorar la respuesta femenina se están
empleando dos tipos de estimuladores clitorídeos: químicos
en forma de geles aplicables al clítoris y mecánicos.
De entre los estimuladores
mecánicos, brilla por su publicidad y originalidad el denominado
Eros Device®; de hecho, otros estimuladores
comercializados son burdas copias del anterior. Este aparato es
un vibrador con forma de ratón de computadora al que se inserta
un capuchón del tamaño adecuado para cubrir el clítoris
produciendo una succión del mismo. Para Billups y cols. (11)
la efectividad es sorprendente, mejorando al menos el 42% de las
mujeres que presentan alguna disfunción sexual; sin embargo,
en el Instituto Andaluz de Sexología y Psicología,
llevamos realizadas con el Eros Device 80 pruebas en 16 mujeres
con trastorno del orgasmo y sólo el 1,25% ha encontrado satisfacción
con el aparato. En el grupo control formado por 12 mujeres sin ningún
tipo de disfunción sexual, hemos realizado 60 pruebas, resultando
satisfactorio para el 16,6%. A la vista de los resultados se debe
deducir que existe algún sesgo en los estudios o que las
mujeres españolas (concretamente andaluzas) reaccionan de
manera distinta a las mujeres americanas del norte.
En cuanto a los estimuladores
químicos (como Viacrem®, Donacreme®, etc.), se presentan
generalmente en forma de gel para aplicar en clítoris y labios
menores, y suelen llevar en su composición L-Arginina, pretendiendo
que la supuesta absorción del aminoácido, precursor
del óxido nítrico, permita favorecer la erección
clitorídea. Además, el gel suele estar aderezado con
mentol, que implica un cambio de temperatura vulvar y, por tanto,
un estímulo a la sensibilidad del clítoris. No obstante,
la eficacia es pobre; nosotros lo hemos preparado en fórmula
galénica (arginina 0,1% y mentol 0,5%) y administrado a 16
mujeres con trastorno del orgasmo (80 intentos), habiendo encontrado
una eficacia del 6,25% frente a un 25% en el grupo control (60 pruebas
en 12 mujeres sin trastorno del orgasmo).
Todo lo expuesto hasta
ahora resulta de poca relevancia si se hace referencia al deseo,
sin duda la disfunción sexual más prevalente en la
mujer, la menos estudiada y la que peores resultados terapéuticos
cosecha con las herramientas disponibles en la actualidad. Se están
empleando fármacos para la lubricación sin que se
conozca de manera más o menos fiable las variables que intervienen
en la excitabilidad ni los mecanismos fisiológicos de la
lubricación, si se estudian moléculas que proporcionan
erecciones clitorídeas sin conocer con seguridad que la erección
del clítoris facilite una mejor respuesta para la mujer,
me temo que, de igual manera, vamos a emplear fármacos para
potenciar el deseo sin tener en cuenta la multiplicidad de variables
que en él intervienen.
Para tener deseo hace
falta una saludable base neuroendocrina, favorables aspectos cognitivos
y afectivos, y, sobre todo, inductores del deseo internos (fantasías)
y externos (por ejemplo, la pareja), lo que implica que el tratamiento
del deseo sexual hipoactivo sea especialmente complejo, pues se
han de controlar todos esos elementos. Si además, como se
ha visto recientemente (12), en parejas de larga duración
la respuesta sexual de la mujer no comienza por la fase de deseo,
sino a través de la intimidad en pareja, se puede
concluir que la recuperación del deseo perdido va a pasar
necesariamente por un tratamiento sexo-terapéutico, además
de por la modificación, en algunos casos, de los aspectos
bioquímicos.
El conocimiento acerca
de que la producción de testosterona en la mujer de 40 años
es un 50% menor que a los 20 ha servido para que se prodigue el
uso de compuestos androgénicos para el tratamiento de las
disfunciones sexuales femeninas, y en especial para el deseo sexual
hipoactivo. Bien en forma de gel o a través de parches, la
bibliografía se hace eco de un incremento del deseo en el
95% de las mujeres después de cuatro meses de aplicación.
En mi experiencia, tanto el uso de testosterona como el empleo del
bupropion sólo incrementan el deseo durante un corto período
de tiempo, siendo una herramienta útil para motivar a la
paciente a cumplir las tareas terapéuticas. Si embargo, a
través de Internet algunas páginas dedicadas a la
salud sexual y dirigidas incluso por renombrados investigadores
de este campo proclaman que el empleo de andrógenos va acabar
con los trastornos del deseo.
Habría que preguntarse
muchas cosas antes de aconsejar testosterona para el deseo sexual
hipoactivo, entre otras cosas, si los parches administrados a la
mujer van a servir para cambiar las conductas de los maridos (inductores
externos del deseo).
Estamos viviendo un
momento histórico relevante porque se empieza a prodigar
el estudio de la sexualidad femenina; pero, al mismo tiempo, es
impresión del autor que en el ámbito farmacológico
se está siguiendo un camino excesivamente reduccionista,
si no equivocado, ya que pretender que un incremento de la lubricación
vaginal, una erección clitorídea o un aumento del
impulso sexual implique necesariamente una mayor excitabilidad,
satisfacción y placer femenino no es más que una inocente
especulación.
Por otro lado, ¿se
tendrá en cuenta a la pareja en las investigaciones futuras?
Cuando aparecieron los inhibidores de la fosfodiesterasa-5 se pensó
que la panacea para el tratamiento de la disfunción eréctil
había llegado. Han sido necesarios al menos cuatro años
para que desde la medicina y la industria farmacéutica se
tuviera en cuenta que la adherencia al tratamiento y en general
su eficacia dependían de la calidad y colaboración
de la pareja. En un arranque de optimismo, espero que no seamos
reincidentes en el caso de la mujer y que desde el principio se
tenga en cuenta cuán importante, independientemente de las
medidas bioquímicas utilizadas, es la interacción
con la pareja. En todo caso, probablemente todas las investigaciones
que se están llevando a cabo son necesarias; por desgracia
resulta imprescindible cometer errores para ir llegando lentamente
a los aciertos. Así, parece un error usar moléculas
para incrementar la lubricación cuando se ha señalado
que el aumento de lubricación no correlaciona necesariamente
con el placer y satisfacción, pero esos estudios permitirán
un mejor conocimiento de la fisiología de la respuesta sexual
femenina. Sólo hay que esperar que los errores acaben siendo
menores que los aciertos y que la posible ausencia de resultados
terapéuticos que seguirá a las actuales investigaciones
no suponga un estancamiento de las futuras. En todo caso, a los
profesionales de la Sexología Clínica nos está
tocando vivir un tiempo apasionante, en el que debemos tomar partido
con la mayor intensidad posible para aportar la experiencia acumulada
de años y colaborar en que el futuro incierto que, a mi entender,
sigue la investigación en sexualidad femenina no nos lleve
en pocos años a un nuevo estancamiento como el sufrido en
la década de los 90.
F. Cabello Santamaría
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