Números anteriores: Vol.1 nº1-2004

 
  Editoriales  
 

La sexología clínica: presente y futuro ¿De dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos?

“Toda evolución es un destino”
La muerte en Venecia, Thomas Mann

De dónde venimos

  La sexología clínica moderna se inicia con autores como Iwan Bloch, Hirschfeld (1), etc., estos pioneros desde una perspectiva fenomenológica crean el sustrato de una nueva ciencia, que llaman “sexología”. Las aportaciones de Krafft Ebing (2) permiten la aceptación de la sexología en el ámbito académico- científico, aunque “criminalizándola”, a través de la presentación de sus casos clínicos. A continuación, el psicoanálisis aborda los problemas sexuales desde una perspectiva global de la personalidad, con un tratamiento más prolongado y con objetivos más amplios que la sola solución de los síntomas de las disfunciones sexuales. Paralelamente, las contribuciones de Havelock Ellis, (3) en sus estudios sobre la psicología sexual nos da una comprensión, por primera vez, de lo que podríamos entender por “normalidad” en la sexualidad humana (ya que sus predecesores no lo habían hecho, daban por “normal” lo que para ellos personalmente lo era), que desde su visión es sumamente amplia y comprensiva.

 Podríamos resumir que Krafft Ebing “criminaliza” la sexualidad, que Freud (4) la intenta curar y Ellis acepta las variantes de la conducta sexual como normales (incluyendo muchas conductas parafílicas).

 En los años 60 y 70 aparecen las investigaciones psicofisiológicas de la respuesta sexual y el tratamiento de las disfunciones sexuales de Masters y Johnson (5, 6), y algo más tarde, con una visión más integradora y con un cambio cualitativo en el abordaje clínico, la aportación inestimable de H.S. Kaplan (7); al unísono se van añadiendo los planteamientos feministas (8, 9) en el abordaje de la sexualidad y las relaciones de pareja, con las cuestiones de género.

Dónde estamos

 En los años 80-90 nos encontramos con el inicio de la medicalización de la sexualidad (10, 11). Si durante años existía la queja de que había pocos estudios e investigaciones médicas relacionadas con la sexualidad femenina, hoy la crítica es que se está reduciendo la comprensión de la sexualidad femenina (y la masculina) a los aspectos fisiológicos y patológicos (médicos) de la misma. Las ciencias médicas han ayudado enormemente al conocimiento detallado de la fisiología sexual, a una mayor y mejor comprensión de la etiología orgánica de diferentes disfunciones y trastornos sexuales, e incluso a través del diagnóstico de alguna disfunción sexual (por ejemplo, la disfunción erectiva) poder detectar otras patologías médicas.

 La realidad es que si antes había una dispersión dentro de la sexología clínica, donde había dificultad para integrar los aspectos biopsicosociales de la sexualidad (fisiología, personalidad, vínculos, trastornos psiquiátricos, temas de género, etc.), los diferentes enfoques psicoterapéuticos (psicodinámico, sistémico, cognitivo- conductual, etc.), las diferentes patologías médicas y sus repercusiones sobre su funcionamiento sexual, así como los efectos secundarios adversos (o buscados) de diferentes fármacos sobre la respuesta sexual, hoy en día el peligro está no sólo en la dispersión, es decir, en la dificultad para integrar, sino en un reduccionismo “científico”, debido a la así llamada medicalización de la sexualidad, que tiende a retrotraernos a una sexualidad genital, centrada en el coito y heterosexual. Se vuelven, por ejemplo, a utilizar las medidas del tiempo de penetración, para valorar la eficacia de los tratamientos de la eyaculación rápida.

 La sexología clínica, desde los trabajos de Master y Johnson, ha fracasado en comprender el significado del síntoma sexual, para el individuo o para la relación (heterosexual, homosexual, bisexual, triangular o grupal). Este objetivo tan limitado –la función de los genitales– y no la persona y su contexto, ha favorecido el desarrollo de la medicalización al tiempo que ha dificultado la inclusión de la terapia sexual dentro del campo de las psicoterapias.

 Actualmente, se escuchan voces donde se vuelve a valorar la personalidad a través de la cual se manifiesta la sexualidad, donde se tiene en cuenta el vínculo en el que se desarrollan los deseos y fantasías sexuales, así como la intimidad o el miedo a la misma, que permiten la inhibición o el desarrollo de unas relaciones sexuales satisfactorias y enriquecedoras. El objetivo no se centra sólo en la búsqueda de un pene erecto, o del orgasmo en la mujer, si no que va más allá del encuentro de un pene y una vagina, trasciende las caricias de unos cuerpos, busca la comunicación de dos personas en un vínculo determinado, en un contexto histórico-social concreto, que nos permite comprender en profundidad y de forma multicausal los placeres del devenir sexual y los sufrimientos del desencuentro sexual.

 Estudios recientes (12) nos ayudan a redefinir y ampliar el deseo sexual a nivel clínico, no sólo de la mayoría de las mujeres, sino de muchos hombres, y el deseo sexual dentro de las relaciones de pareja prolongadas en el tiempo, destacando el aspecto afectivo-íntimo de las relaciones sexuales, modificando así la secuencia clásica de la respuesta sexual: deseo -> excitación -> orgasmo -> resolución; a la de: neutralidad afectiva (intimidad) -> caricias -> excitación -> deseo -> orgasmo (o no); corremos, sin embargo, el riesgo si lo llevamos a un extremo de conducirnos de nuevo a una visión de la sexualidad femenina sólo basada en el afecto, como si siempre fuera necesario un vínculo afectivo para unas relaciones sexuales “sanas”.

 En resumen, existe el peligro de la dispersión (dificultad de integración), el peligro del reduccionismo fisiológico (médico) y el peligro de una sexualidad “buena”.

Hacia dónde vamos

 Si permanecemos en la dispersión esto nos llevará al caos y a la desintegración, sin una unidad ni estructura en el campo de la sexología clínica.

 Faltan por responder aún cuestiones básicas para la comprensión de la sexualidad humana, tales como: ¿qué es la sexualidad normal?, ¿cómo surge y se mantiene la atracción sexual?, ¿por qué unos estímulos son eróticos para unos y para otros no tienen un significado sexual?, ¿cómo de estable o fluida es la orientación sexual?, ¿qué podemos aprender de aquellos que quedan “fuera” del modelo heterosexual-coital, por ejemplo, la sexualidad de los niños/as, homosexuales, ancianos, discapacitados, parafílicos, transexuales, etc.?, ¿qué influencia tienen las vivencias infantiles en las relaciones sexuales adultas?, etcétera.

 Si permitimos que prevalezca la medicalización, llevada a un extremo, produciría un reduccionismo que nos conducirá, entre otras consecuencias (como el abordaje genital de las disfunciones sexuales), a que la sexología clínica pertenezca sólo al campo de la medicina, en concreto, tal vez, a la urología, ginecología y psiquiatría.

 Si regresamos a una sexualidad “basada sólo en el amor”, facilitaríamos una sociedad que inhibiera el desarrollo de una sexualidad proteica en sus manifestaciones, obstaculizando los diferentes caminos que tiene el impulso sexual para satisfacer sus múltiples necesidades: fisiológicas, intrapsíquicas, vinculares y sociales.

 Para solventar estos posibles riesgos se hace necesaria la integración de conocimientos que nos permitan una comprensión y abordaje de todos los factores que influyen en un desarrollo adecuado o alterado de la sexualidad humana. Para conseguirlo, es indispensable una formación adecuada en sexología clínica, que integre en profundidad todos los factores biopsicosociales. Resulta necesario entender el contexto históricosocial y cultural que modela nuestra sexualidad, es imprescindible la comprensión de la personalidad (y sus trastornos) y los diferentes tipos de vínculos en los que se manifiesta nuestra sexualidad afectivo-genital, así como los diferentes modelos psicoterapéuticos que intentan comprenderla, y son también fundamentales los conocimientos y las aplicaciones de las ciencias médicas para el tratamiento oportuno (farmacológico, quirúrgico, etc.) de las disfunciones y los trastornos sexuales. Es decir, hace falta una formación interdisciplinaria, multidimensional.

 Es vital considerar la(s) etiología(s) antes de tratar el síntoma, esto nos lo enseñan desde las ciencias médicas a las sociológicas. En todos los casos clínicos de disfunciones y trastornos sexuales siempre intervienen los aspectos biopsicosociales; en unos casos prevalecen unos factores sobre otros, pero en mayor o menor medida siempre se interrelacionan los tres. Cualquier abordaje terapéutico que sólo incluya uno o dos de los tres pilares (bio-psico-social) de la sexualidad humana, está observando al ser humano y/o al paciente-pareja de forma sesgada y, a la vez, obstaculizando el desarrollo de la sexología clínica, que sólo puede evolucionar hacia un destino enriquecedor, si aúna e integra el conocimiento de diferentes disciplinas.

Referencias

1. Hirschfeld M. Sexualpathologie. Ein Lehrbuch für Ärzte und Studierende. Parte I: Geschlechtl. Entwicklungsstörungen mit besonderer Berücksichtigung derOnanie. Parte II: Sexuelle Zwischenstufen. Das männliche Weib und der weibliche Mann. Parte III: Störungen im Sexualstoffwechsel mit besonderer Berücksichtigung der Impotenz. Bonn: Marcus & Weber; 1916-1921.
2. Krafft-Ebing R. Psychopatia Sexualis, ed. 12. Stuttgart; 1906.
3. Ellis H. Studies in the psychology of sex. 2 Vol. New York: Random House; 1936.
4. Freud S. Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva; 1972.
5. Masters WH, Johnson VE. Human sexual response. Boston: Little Brown; 1966.
6. Masters WH, Johnson VE. Human sexual inadequacy. Boston: Little Brown; 1970.
7. Kaplan HS. La nueva terapia sexual. Madrid: Alianza editorial; 1974.
8. Tiefer L. The context and consequences of contemporary sex research: A Feminist perspective. In: McGill W, Dewbury D, Sachs B, eds. Sex and Behavior: Status and prospectus. New York: Plenum Press; 1978.
9. Tiefer L. A feminist critique of the sexual dysfunction nomenclature. Women and Therapy 1988; 7: 5-21.
10. Díaz Morfa J. Tratamiento oral para los trastornos sexuales. Revista de Terapia Sexual y de Pareja, nº 0, 1998: 33-48.
11. Schover LR, Leiblum SR. Commentary: The stagnation of sex therapy. Journal of Psychology and Human Sexuality 1994; 6: 5-30.
12. Basson R. A model of women’s sexual arousal. Journal of Sex & Marital Therapy 2002; 28: 1-10.

J. Díaz Morfa

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