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La sexología
clínica: presente y futuro ¿De dónde venimos,
dónde estamos y hacia dónde vamos?
“Toda evolución
es un destino”
La muerte en Venecia, Thomas Mann
De dónde venimos
La sexología
clínica moderna se inicia con autores como Iwan Bloch, Hirschfeld
(1), etc., estos pioneros desde una perspectiva fenomenológica
crean el sustrato de una nueva ciencia, que llaman “sexología”.
Las aportaciones de Krafft Ebing (2) permiten la aceptación
de la sexología en el ámbito académico- científico,
aunque “criminalizándola”, a través de
la presentación de sus casos clínicos. A continuación,
el psicoanálisis aborda los problemas sexuales desde una
perspectiva global de la personalidad, con un tratamiento más
prolongado y con objetivos más amplios que la sola solución
de los síntomas de las disfunciones sexuales. Paralelamente,
las contribuciones de Havelock Ellis, (3) en sus estudios sobre
la psicología sexual nos da una comprensión, por primera
vez, de lo que podríamos entender por “normalidad”
en la sexualidad humana (ya que sus predecesores no lo habían
hecho, daban por “normal” lo que para ellos personalmente
lo era), que desde su visión es sumamente amplia y comprensiva.
Podríamos resumir
que Krafft Ebing “criminaliza” la sexualidad, que Freud
(4) la intenta curar y Ellis acepta las variantes de la conducta
sexual como normales (incluyendo muchas conductas parafílicas).
En los años
60 y 70 aparecen las investigaciones psicofisiológicas de
la respuesta sexual y el tratamiento de las disfunciones sexuales
de Masters y Johnson (5, 6), y algo más tarde, con una visión
más integradora y con un cambio cualitativo en el abordaje
clínico, la aportación inestimable de H.S. Kaplan
(7); al unísono se van añadiendo los planteamientos
feministas (8, 9) en el abordaje de la sexualidad y las relaciones
de pareja, con las cuestiones de género.
Dónde estamos
En los años 80-90
nos encontramos con el inicio de la medicalización de la
sexualidad (10, 11). Si durante años existía la queja
de que había pocos estudios e investigaciones médicas
relacionadas con la sexualidad femenina, hoy la crítica es
que se está reduciendo la comprensión de la sexualidad
femenina (y la masculina) a los aspectos fisiológicos y patológicos
(médicos) de la misma. Las ciencias médicas han ayudado
enormemente al conocimiento detallado de la fisiología sexual,
a una mayor y mejor comprensión de la etiología orgánica
de diferentes disfunciones y trastornos sexuales, e incluso a través
del diagnóstico de alguna disfunción sexual (por ejemplo,
la disfunción erectiva) poder detectar otras patologías
médicas.
La realidad es que
si antes había una dispersión dentro de la sexología
clínica, donde había dificultad para integrar los
aspectos biopsicosociales de la sexualidad (fisiología, personalidad,
vínculos, trastornos psiquiátricos, temas de género,
etc.), los diferentes enfoques psicoterapéuticos (psicodinámico,
sistémico, cognitivo- conductual, etc.), las diferentes patologías
médicas y sus repercusiones sobre su funcionamiento sexual,
así como los efectos secundarios adversos (o buscados) de
diferentes fármacos sobre la respuesta sexual, hoy en día
el peligro está no sólo en la dispersión, es
decir, en la dificultad para integrar, sino en un reduccionismo
“científico”, debido a la así llamada
medicalización de la sexualidad, que tiende a retrotraernos
a una sexualidad genital, centrada en el coito y heterosexual. Se
vuelven, por ejemplo, a utilizar las medidas del tiempo de penetración,
para valorar la eficacia de los tratamientos de la eyaculación
rápida.
La sexología
clínica, desde los trabajos de Master y Johnson, ha fracasado
en comprender el significado del síntoma sexual, para el
individuo o para la relación (heterosexual, homosexual, bisexual,
triangular o grupal). Este objetivo tan limitado –la función
de los genitales– y no la persona y su contexto, ha favorecido
el desarrollo de la medicalización al tiempo que ha dificultado
la inclusión de la terapia sexual dentro del campo de las
psicoterapias.
Actualmente, se escuchan
voces donde se vuelve a valorar la personalidad a través
de la cual se manifiesta la sexualidad, donde se tiene en cuenta
el vínculo en el que se desarrollan los deseos y fantasías
sexuales, así como la intimidad o el miedo a la misma, que
permiten la inhibición o el desarrollo de unas relaciones
sexuales satisfactorias y enriquecedoras. El objetivo no se centra
sólo en la búsqueda de un pene erecto, o del orgasmo
en la mujer, si no que va más allá del encuentro de
un pene y una vagina, trasciende las caricias de unos cuerpos, busca
la comunicación de dos personas en un vínculo determinado,
en un contexto histórico-social concreto, que nos permite
comprender en profundidad y de forma multicausal los placeres del
devenir sexual y los sufrimientos del desencuentro sexual.
Estudios recientes
(12) nos ayudan a redefinir y ampliar el deseo sexual a nivel clínico,
no sólo de la mayoría de las mujeres, sino de muchos
hombres, y el deseo sexual dentro de las relaciones de pareja prolongadas
en el tiempo, destacando el aspecto afectivo-íntimo de las
relaciones sexuales, modificando así la secuencia clásica
de la respuesta sexual: deseo -> excitación -> orgasmo
-> resolución; a la de: neutralidad afectiva (intimidad)
-> caricias -> excitación -> deseo -> orgasmo
(o no); corremos, sin embargo, el riesgo si lo llevamos a un extremo
de conducirnos de nuevo a una visión de la sexualidad femenina
sólo basada en el afecto, como si siempre fuera necesario
un vínculo afectivo para unas relaciones sexuales “sanas”.
En resumen, existe
el peligro de la dispersión (dificultad de integración),
el peligro del reduccionismo fisiológico (médico)
y el peligro de una sexualidad “buena”.
Hacia dónde
vamos
Si permanecemos en la
dispersión esto nos llevará al caos y a la desintegración,
sin una unidad ni estructura en el campo de la sexología
clínica.
Faltan por responder
aún cuestiones básicas para la comprensión
de la sexualidad humana, tales como: ¿qué es la sexualidad
normal?, ¿cómo surge y se mantiene la atracción
sexual?, ¿por qué unos estímulos son eróticos
para unos y para otros no tienen un significado sexual?, ¿cómo
de estable o fluida es la orientación sexual?, ¿qué
podemos aprender de aquellos que quedan “fuera” del
modelo heterosexual-coital, por ejemplo, la sexualidad de los niños/as,
homosexuales, ancianos, discapacitados, parafílicos, transexuales,
etc.?, ¿qué influencia tienen las vivencias infantiles
en las relaciones sexuales adultas?, etcétera.
Si permitimos que prevalezca
la medicalización, llevada a un extremo, produciría
un reduccionismo que nos conducirá, entre otras consecuencias
(como el abordaje genital de las disfunciones sexuales), a que la
sexología clínica pertenezca sólo al campo
de la medicina, en concreto, tal vez, a la urología, ginecología
y psiquiatría.
Si regresamos a una
sexualidad “basada sólo en el amor”, facilitaríamos
una sociedad que inhibiera el desarrollo de una sexualidad proteica
en sus manifestaciones, obstaculizando los diferentes caminos que
tiene el impulso sexual para satisfacer sus múltiples necesidades:
fisiológicas, intrapsíquicas, vinculares y sociales.
Para solventar estos
posibles riesgos se hace necesaria la integración de conocimientos
que nos permitan una comprensión y abordaje de todos los
factores que influyen en un desarrollo adecuado o alterado de la
sexualidad humana. Para conseguirlo, es indispensable una formación
adecuada en sexología clínica, que integre en profundidad
todos los factores biopsicosociales. Resulta necesario entender
el contexto históricosocial y cultural que modela nuestra
sexualidad, es imprescindible la comprensión de la personalidad
(y sus trastornos) y los diferentes tipos de vínculos en
los que se manifiesta nuestra sexualidad afectivo-genital, así
como los diferentes modelos psicoterapéuticos que intentan
comprenderla, y son también fundamentales los conocimientos
y las aplicaciones de las ciencias médicas para el tratamiento
oportuno (farmacológico, quirúrgico, etc.) de las
disfunciones y los trastornos sexuales. Es decir, hace falta una
formación interdisciplinaria, multidimensional.
Es vital considerar
la(s) etiología(s) antes de tratar el síntoma, esto
nos lo enseñan desde las ciencias médicas a las sociológicas.
En todos los casos clínicos de disfunciones y trastornos
sexuales siempre intervienen los aspectos biopsicosociales; en unos
casos prevalecen unos factores sobre otros, pero en mayor o menor
medida siempre se interrelacionan los tres. Cualquier abordaje terapéutico
que sólo incluya uno o dos de los tres pilares (bio-psico-social)
de la sexualidad humana, está observando al ser humano y/o
al paciente-pareja de forma sesgada y, a la vez, obstaculizando
el desarrollo de la sexología clínica, que sólo
puede evolucionar hacia un destino enriquecedor, si aúna
e integra el conocimiento de diferentes disciplinas.
Referencias
1. Hirschfeld M. Sexualpathologie.
Ein Lehrbuch für Ärzte und Studierende. Parte I: Geschlechtl.
Entwicklungsstörungen mit besonderer Berücksichtigung
derOnanie. Parte II: Sexuelle Zwischenstufen. Das männliche
Weib und der weibliche Mann. Parte III: Störungen im Sexualstoffwechsel
mit besonderer Berücksichtigung der Impotenz. Bonn: Marcus
& Weber; 1916-1921.
2. Krafft-Ebing R. Psychopatia Sexualis, ed. 12. Stuttgart; 1906.
3. Ellis H. Studies in the psychology of sex. 2 Vol. New York: Random
House; 1936.
4. Freud S. Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva; 1972.
5. Masters WH, Johnson VE. Human sexual response. Boston: Little
Brown; 1966.
6. Masters WH, Johnson VE. Human sexual inadequacy. Boston: Little
Brown; 1970.
7. Kaplan HS. La nueva terapia sexual. Madrid: Alianza editorial;
1974.
8. Tiefer L. The context and consequences of contemporary sex research:
A Feminist perspective. In: McGill W, Dewbury D, Sachs B, eds. Sex
and Behavior: Status and prospectus. New York: Plenum Press; 1978.
9. Tiefer L. A feminist critique of the sexual dysfunction nomenclature.
Women and Therapy 1988; 7: 5-21.
10. Díaz Morfa J. Tratamiento oral para los trastornos sexuales.
Revista de Terapia Sexual y de Pareja, nº 0, 1998: 33-48.
11. Schover LR, Leiblum SR. Commentary: The stagnation of sex therapy.
Journal of Psychology and Human Sexuality 1994; 6: 5-30.
12. Basson R. A model of women’s sexual arousal. Journal of
Sex & Marital Therapy 2002; 28: 1-10.
J. Díaz Morfa
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