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La sexualidad en las personas con necesidades físicas especiales
ESTADO ACTUAL DEL PROBLEMA
El conocimiento actual sobre la sexualidad de las personas afectadas por algún tipo de discapacidad física, hoy día englobadas bajo la denominación de “personas con necesidades físicas especiales” (PNFE), está basado fundamentalmente en el estudio de lesionados medulares. La alta incidencia y la fácil clasificación de los síntomas físicos de este tipo de lesiones facilita que la mayoría de las investigaciones se centren en esta población.
Frente a este tipo de patología se encuentran otras de carácter degenerativo (como la esclerosis múltiple, por ejemplo) o de evolución progresiva (distrofia muscular, entre otras) en las que la polimorfa sintomatología en las primeras y la evolución permanente en las segundas, hacen más compleja la investigación.
En conclusión, los datos obtenidos de los estudios sobre la lesión medular postraumática son extrapolables con mucha fiabilidad al resto de afecciones de la médula espinal (1).
Respecto a la información que los profesionales sanitarios deberían ofrecer a las PNFE, como ocurre en las personas con lesiones medulares, los datos publicados apuntan a que esta información no se produce, lo que resulta preocupante dado que además es necesaria esta información como parte de la rehabilitación y en aras de la calidad de vida (2). Estos autores afirman que las barreras que impiden que se dé información sexual por parte de los profesionales de la salud son falta de tiempo, falta de conocimientos sobre el tema, actitudes personales sobre la sexualidad y falta de buena disposición en algunos pacientes.
FACTORES CAUSALES Y DE MANTENIMIENTO
La respuesta sexual humana es una secuencia ordenada de fenómenos psicológicos y biológicos que ocasionan cambios intensos en la forma y función del aparato genital para que la actividad sexual tenga éxito y se pueda producir, en su caso, la reproducción de la especie (3).
En ambos sexos se producen una serie de cambios fisiológicos distintos, pero complementarios, que preparan al organismo para que pueda realizarse, si es el objetivo, el coito. La preparación hacia éste persigue la meta reproductiva, fin para el que se desarrollaron en los animales terrestres, a partir de los reptiles, los órganos copuladores (pene y clítoris).
Ahora bien, la especie humana, por evolución biopsicosocial, no está atrapada sexualmente hablando en los estrechos márgenes de la función reproductiva como único fin de la sexualidad, hecho que sí ocurre en el resto de especies que procrean por unión sexual entre dos sexos.
En la especie humana, la sexualidad es elicitada por una amplia variedad de estímulos que dependen del aprendizaje, no está limitada a ninguna época de celo, sino que puede ocurrir en cualquier momento del año y busca la mayor parte de las veces la obtención del placer que se deriva de su práctica, la transmisión de sentimientos y la comunicación interpersonal.
Los cambios fisiológicos que ocurren a partir de la aparición del deseo sexual no se limitan al aparato genital, sino que la estimulación sexual ocasiona reacciones de tipo neurológico, hormonal, vascular y muscular que afectan al funcionamiento de todo el organismo en mayor o menor grado.
Todo profesional de la salud sexual que quiera solucionar los diversos trastornos que afectan a la función sexual debe tener un conocimiento adecuado de todos los factores que intervienen en el complejo fenómeno de la sexualidad.
Si bien la anatomía sexual humana está suficientemente descrita, no ocurre lo mismo respecto a la fisiología, efectos de enfermedades, de fármacos o drogas y las distintas formas variables que cada persona tiene para responder ante los mismos factores.
EPIDEMIOLOGÍA
Es difícil establecer la incidencia de las disfunciones sexuales en la población general tanto por la dificultad para seleccionar muestras amplias y representativas como por la presencia de sesgos en la recogida de información (4, 5). Con todo, a partir de los resultados de diferentes estudios parece estimarse que, cuando menos, entre un 50% y un 75% del total de parejas heterosexuales presentan algún tipo de disfunción sexual.
Respecto a la incidencia por sexos y tipo de disfunción, los datos apuntan que entre el 35 y el 60% de las mujeres las padecen, y que las más frecuentes son los trastornos del deseo sexual y del orgasmo. Entre los hombres, alrededor de un 40% presenta algún tipo de disfunción, las más frecuentes de las cuales son el trastorno de la erección y la eyaculación precoz (3, 4, 6, 7).
Dado que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las PNFE constituyen un 7% de la población mundial (8), existe en estos últimos años un interés creciente en los países occidentales por la atención sanitaria de la sexualidad de estas personas, como son las personas afectadas de lesiones por causas traumáticas en la médula espinal (9) o las personas que presentan lesiones de tipo degenerativo y deteriorante, como la enfermedad de Parkinson (10), la esclerosis múltiple (11) o la mielodisplasia (12).
CONSECUENCIAS DE LAS LESIONES SOBRE LA SEXUALIDAD
Los datos indican que la actividad sexual decrece tras la lesión debido a que estas personas manifiestan un negativo autoconcepto y una baja autoestima, factores que se encuentran en la base de la afectación que sufren sobre la actitud hacia la sexualidad y sobre la propia conducta sexual. Se sabe que estos pacientes presentan dificultades para la reproducción (13) y para el disfrute de la sexualidad por problemas para alcanzar la erección y/o la eyaculación en los hombres y por trastornos de la excitación y del orgasmo en las mujeres (14, 15).
Los trastornos sobre la sexualidad provienen, en unos casos, de las lesiones traumáticas con dependencia de la localización de las mismas (16) y, en otros casos, por efectos secundarios dependientes del deterioro orgánico de la enfermedad y/o de los efectos secundarios de los fármacos que utilizan, sin dejar de lado factores psicológicos como la presencia de depresión, baja autoestima y ansiedad, así como factores sociales como el desempleo (17).
Además, los profesionales de la salud tienden a desatender los problemas sexuales, en unos casos por insensibilidad hacia las necesidades sexuales de este grupo de población y en otros casos por la falta de preparación e inexperiencia profesional.
SOLUCIONES TERAPÉUTICAS
Hoy día, gracias a las investigaciones científicas y a la demanda de la población de disfrutar de la sexualidad, como consecuencia de la extensa transformación en las actitudes y el desarrollo de los avances científicos, tanto para programar y facilitar el momento de la fecundación como para solucionar los distintos trastornos que traban la función sexual, contamos con una arsenal tanto de técnicas diagnósticas como de tratamientos eficaces (18-26).
BIBLIOGRAFÍA
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Felipe Hurtado Murillo
Doctor en Psicología. Especialista en Psicología Clínica y Sexología.
Facultativo Especialista de Área de la Agencia Valenciana de Salud. Centro de Salud
Sexual y Reproductiva. Centro de Salud Fuente
San Luis. Valencia.
Profesor Asociado del Máster Internacional en Migraciones de la Universidad de Valencia.
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