SOCIEDAD ESPAÑOLA
DE ENFERMERÍA
GERIÁTRICA Y GERONTOLÓGICA



GRUPO NACIONAL PARA
EL ESTUDIO Y ASESORAMIENTO EN
ÚLCERAS POR PRESIÓN
Y HERIDAS CRÓNICAS

 

 

  Números anteriores: Vol.15 nº4-2004

 
     EDITORIAL  
 

“Mi devoción por las enfermeras…”

  Con el permiso de D. Jose Luis Sampedro y de nuestra compañera Mª Jesús Zanza, hoy he querido que esta tribuna recibiera a la última de las misivas que el “viejo” literato escribiera a la presidenta del Comité Organizador del pasado Congreso Nacional de la SEEGG en Vitoria, disculpando su ausencia de este encuentro. En un estilo epistolar que parece corresponder a una añorada época romántica, líneas llenas de emotividad y mensajes que nuestra profesión enfermera a buen seguro sabrá agradecer. Palabras, un bien escaso en nuestro diario caminar profesional.
A ambos, en nombre de todos los lectores de Gerokomos, nuestra profunda gratitud.

J. Javier Soldevilla Agreda
Director de Gerokomos


Sta. Cruz de Tenerife 24-4-04
<<Estimada amiga:

Perdone si estas palabras llegan tarde, pues su afectuoso y sincero interés merecía una respuesta a tiempo. Pero, como viejo que soy, vivo más condicionado. Ustedes me deseaban en Vitoria, mis editores me querían en Barcelona, mi salud me anda en Canarias. Aunque tarde, no quiero dejarla sin respuesta y le escribo de corazón.
Mi devoción por las enfermeras cuajó en los dos meses que viví hospitalizado con mi primera mujer, a todas horas, hasta que murió. Conviviendo así con ellas comprendí que si los médicos acuden a salvarnos del apuro, las enfermeras son las que nos hacen posible vivirlo, salir de esa maraña agresora que es la enfermedad. Y ahora las enfermeras especialistas me están aún más próximas porque mi pluripatología (como vd. bien dice) es la vejez, que soporto mejor gracias a alguien a mi lado: vds. en clínicas o la enfermera honoraria que vive conmigo.
Ese soporte es vital pues el problema de la vejez no es la muerte, aunque la tengamos al lado. A veces incluso esa compañía sugiere un gran descanso. El problema es cómo morir, lograr que el descanso final sea como meterse en la cama tras una jornada agotadora. Para conseguir esa placidez el viejo ha de poner de su parte, pero quienes le atienden (con los cuidados, y la palabra y la caricia envolvente) hacen milagros. Así en algunos rostros terminales hay una expresión de beatitud. Yo he visto alguna, y vd. habrá visto más.
Querida Mª Jesus: gracias por sus cartas, gracias por su fervor, gracias a todas ustedes en su dedicación. Solo añadiré, para usted, que yo tengo bisabuelos riojanos, de Santurdejo.
Reciba un gran abrazo que este viejo le envía con entusiasmo joven>>.

José Luis Sampedro.

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Vol. 15 nº4-2004

 



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