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Mayores y enfermeras. Imagen
y sonido
Quizá una
vez más pueda sorprender al lector el título elegido
para esta tribuna de nuestra revista científica, pero hoy,
la reflexión que habitualmente encierra estas pocas líneas
exige de una ecuación llamativa, tal vez irónica,
y de una crónica totalmente extraplanetaria, sobre lo que
entiendo es, no debiera ser y esperemos no sea mañana.
“La
vejez, como etapa de la vida, la enfermera como profesional, son
dos imágenes distorsionadas por la sociedad imperante y,
reflejados con ese defecto por los medios de comunicación,
expresión autorizada de una comunidad”.
¿Qué
como he llegado a esta conclusión? Pues préstenme
unos segundos de su tiempo. Cuentan que el príncipe de Siddharta
antes de convertirse en Buda, en una de sus escapadas de Palacio
con su cochero se encontró por primera vez con un viejo,
con su más escabrosa fealdad y decrepitud, y ello cambió
su vida. ¿Imaginan hoy, siglos después, como forjaría
su juicio sobre la vejez alguien que posara sus pies por primera
vez en este planeta? Ha llegado de incógnito. Actuará,
observando, escuchando, preguntando, ojeando los periódicos,
sentándose frente a un televisor, hablando con algunos ciudadanos
mayores y con muchos más alejados de esta etapa, sedimentando
lo capturado ... . Sin duda, este ejercicio de ciencia-ficción
concluiría con el trazado de un perfil pragmático
que el “enviado” devolvería a su planeta en un
mensaje posiblemente con este contenido: “En este pueblo,
que por los comentarios siempre comparativos con otros, se considera
civilizado, incluso avanzado, hay un grupo, el de los más
mayores en edad, que unos, muy pocos, apuntan como verdadero archivo
y sustento de una cultura, cuya valiosa aportación la tasan
en su experiencia, pero que curiosamente no deja de ser una argumentación
minoritaria, acaso falsa o al menos errónea, dada la filosofía
que impera en la actividad laboral, política, económica,
etc. de toda la sociedad, en la que sólo no consideran la
experiencia como un mérito sino que cercenan la posibilidad
de acceder a muchos de estos terrenos a partir de una determinada
edad. Otra realidad que he captado sobre los mayores en mi visita
ha sido a través del medio televisivo, considerado casi la
única fuente documental y oficial para ciudadanos y mandatarios.
He rescatado dos aspectos de sus 625 líneas: noticias de
sus informativos que aluden al “amenazante problema que la
alta supervivencia de los mayores supone para el sistema de pensiones,
sanitario, etc., por otro lado, un uso casi caricaturesco de la
imagen de los mayores, aludiendo a su primitivismo en cuestión
de costumbres, a su dificultad para adaptarse a las nuevas tecnologías
… . En resumen, parece ser a todas luces que en esta parte
de la Tierra habitan numerosos ancianos, pero como grupo social
no tienen peso específico alguno, son casi invisibles, y
los “mantienen” “por imagen” o por algo
que algunos recuerdan y denominan conciencia (y que en nuestra cultura
abolimos hace varios siglos), pero no por entenderlos como un bien
valioso para el resto. Este grupo creciente difícilmente
va a sobrevivir así mucho más tiempo”.
Este comisionado
alienígena también traía entre sus misiones,
por encargo de su Orden de Enfermería, acercar en esta latitud
la figura de los profesionales encargados del cuidado de la población
y más estrechamente, en consonancia con el contenido de la
misión marco, los que se dedican a la atención del
grupo de los más mayores ya analizado. Utilizó las
mismas fuentes donde embeberse de información pero …
en la prensa escrita, en sus millones de palabras diarias apenas
se hacía referencia a nadie con ese nombre o cualidad. En
la televisión, salvo algunas imágenes esperpénticas
en series noveladas y unos fotogramas mudos en anuncios de alimentos
infantiles o “piernas cansadas”, nadie las aludía.
No puede ser que una comunidad en la que debe de haber cientos de
miles de estos profesionales, se hayan mimetizado y desaparecido.
Poco o nada sabían los habitantes con los que pude departir,
hasta encontrar a algunos que albergaban en su seno familiar a una
de éstas o habían sido cuidados ellos o sus familiares
recientemente por manos enfermeras y me pudieron facilitaron algún
detalle más. Costosa captura de información, pocas
imágenes y sonidos, con la que llenar mi enorme memoria robótica.
Sólo pudo remitir un sucinto informe que describía
así lo hallado: “La enfermería es aquí
una profesión mayoritariamente femenina, armada de gran sensibilidad,
vocación de servicio y con una formación certera sobre
las distintas áreas de cuidados de la población; profesión
histórica, y a pesar de ello ausente de todos los órganos
de gestión de esa zona de la Tierra analizada. Observo gran
desenfoque e imprecisión en la opinión y el conocimiento
que sus conciudadanos tienen de ella cuando a todas luces soportan
gran parte del peso del Sistema instaurado. Son seres necesarios,
que reclaman presencia pero con un tono y acciones apagadas. Son
abnegados profesionales formados intensivamente que precisan salir
del anonimato y alimentarse por algo más que una mirada o
comentario que agradezca una labor bien realizada. Los que además
decidieron orientar su actividad al descrito y marginal grupo de
los más mayores de esta colectividad, pueden imaginar. Algunos
informantes, creo que algo confundidos, me han hablado sobre el
gran futuro que se avecina para este grupo de enfermeros por la
profusión de viejos con “necesidades” de cuidados
especializados. No lo he visto escrito en ningún medio pero,
si el grupo de mayores permanece, la gestión de sus cuidados
no sé si pasará por manos de unas enfermeras, sin
imagen y sin sonido. Van a tener que hacer, desde su interior, grandes
transformaciones, empezando por aflorar, cambiar y ampliar su imagen
y hacerse oír en foros que trasciendan a lo profesional”.
Desde la Tierra informó …
Menos mal que esto hoy es ciencia-ficción.
J. Javier Soldevilla Agreda
Presidente SEEGG
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