SOCIEDAD ESPAÑOLA
DE ENFERMERÍA
GERIÁTRICA Y GERONTOLÓGICA



GRUPO NACIONAL PARA
EL ESTUDIO Y ASESORAMIENTO EN
ÚLCERAS POR PRESIÓN
Y HERIDAS CRÓNICAS

 

 

  Números anteriores: Vol.16 nº3-2005

 
     EDITORIAL  
 

Ofrenda al Santo Apóstol

    Por la calidez de su mensaje y la fortaleza de sus contenidos, hemos querido que todos los lectores de Gerokomos pudieran conocer desde esta tribuna las palabras que el profesor Francisco de Llanos, del Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad de Sevilla y destacado miembro de nuestra SEEGG, pronunció en nombre de todos los presentes durante la Ofrenda al Santo Apóstol que rendimos con motivo de la celebración del XII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica en Santiago de Compostela durante el pasado mes de abril.

Comité de Redacción de Gerokomos

    “Atraídos por el espíritu acogedor de los hombres y mujeres de Galicia, llegamos hoy hasta ti, querido Apóstol Santiago, este grupo de enfermeras y enfermeros dedicados a cuidar y a enseñar a cuidar a las personas mayores con problemas de salud. Procedentes de las diversas comunidades del Estado español, hemos caminado hasta Compostela con un objetivo común: compartir nuestra experiencia profesional y nuestros conocimientos para procurar que la etapa histórica de la vejez sea una experiencia saludable para todos el día de mañana.

    Al celebrar nuestro XII Congreso Nacional y cumplirse la mayoría de edad de nuestra Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica, la Divina Providencia, con la mediación de nuestros colegas gallegos, ha querido guiarnos hasta este lugar en que reposas, punto de encuentro de diversas gentes y culturas. También nosotros estamos aquí ahora como peregrinos de buena voluntad: deseamos actualizar con nuestro trabajo y con nuestros conocimientos la parábola del cuidado esencial a nuestros mayores más necesitados.

    Bien sabemos de tu aventura, querido Apóstol, hasta llegar a Compostela para anunciar el mensaje con que el Maestro respondió a la pregunta de “¿y quién es mi prójimo?” Y un samaritano que iba de camino, al llegar junto a él y verlo, se conmovió. Se acercó entonces y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino. Luego se responsabilizó del maltratado, del herido en la salud, y cuidó de él.

    Señor Santiago, en esta ofrenda de ahora, te hacemos testigo de nuestro empeño por la salud de los ancianos, fomentando y defendiendo su dignidad, y reconociendo efectivamente sus derechos. Ayúdanos tú a ser audaces y creativos en nuestro trabajo y, sobre todo, a saber poner “el aceite” y “el vino” de nuestra compasión y respeto en los años multiplicados de nuestros mayores.

    En esta hermosa catedral, eco de la fe de innumerables peregrinos, te pedimos la paz para el mundo, el respeto hacia la dignidad de todo ser humano, la justa distribución de la riqueza y la capacidad de abrir nuestro corazón a quienes buscan una forma de vida más humana.

    Santo Apóstol Santiago, tú que experimentaste la fuerza del Espíritu junto a la excelente cuidadora, María de Nazaret, intercede por cada uno de nuestros familiares y, especialmente, por nuestros hijos y por nuestros mayores. Que intercedas también por todos nuestros compañeros y compañeras que se empeñan cada día por una Enfermería mejor. Y a todos cuantos hemos venido hasta ti en este incomparable marco de Compostela, danos tu bendición. Amén”.

De Llanos Peña, F

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Vol. 16 nº3-2005

 



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