SOCIEDAD ESPAÑOLA
DE ENFERMERÍA
GERIÁTRICA Y GERONTOLÓGICA



GRUPO NACIONAL PARA
EL ESTUDIO Y ASESORAMIENTO EN
ÚLCERAS POR PRESIÓN
Y HERIDAS CRÓNICAS

 

 

  Números anteriores: Vol.14 nº3-2003

 
     EDITORIAL  
 

Ola de calor

   Todavía no se ha apagado el asfalto. El fuego real vivido en las últimas semanas además de cercenar la vida de miles de personas en nuestro entorno europeo, ha sacado a la luz la fragilidad de los sistemas sanitarios y sociales que amparan a los mayores en muchas latitudes. Una contrariedad o una paradoja hablar de “fragilidad” de un Sistema, creado para dar cobertura a “la vida” de uno de los grupos más frágiles de nuestra población. Una ola de calor, ha logrado incendiar una estructura de servicios sociales dirigida a los mayores levantada al parecer sobre una volátil y combustible paja, y no será porque recomendaciones tan sesudas como las emanadas de las dos Asambleas Mundiales sobre Envejecimiento no pidieran estructuras sólidas, cimentadas, planes estratégicos globales que guarezcan a los más vulnerables y esa construcción ha de hacerse en épocas de bonanza climatológica, económica, etc.

  Una catástrofe natural, siempre afecta con más virulencia a los más débiles de una Sociedad, a los mayores, los niños, los “sintecho”,…, pero en estructuras "consolidadas", en la red de países llamados desarrollados, planes especiales por parte de los gobiernos, solucionan. Olas de calor como la vivida, pueden poner al descubierto estructuras sociales y sanitarias de cartón piedra. Solo fachada, construida para una representación escenica que caduca al tiempo del gobierno en curso. Sin inversiones regladas y mantenidas en el tiempo, sin planes generales, esta cobertura puede destruirse por las llamas de una eventualidad.

  En nuestro país hace muy pocas fechas, el Gobierno ha presentado un plan de acción con más de cien medidas que sin duda mejoraran la vida de nuestros mayores que aplaudimos de inmediato y esperemos se desarrollen con el ritmo previsto. Haremos un primer análisis en unos meses. Quizá esta “nota de calor”, por sus luptuosas consecuencias, ha trascendido notoriamente a nuestras fronteras, y el “frasco de las carencias”, se ha evidenciado en países muy próximos, entre aquellos llamados de primer nivel, en los que creíamos sus “edificios” eran del mejor hormigón.

  Pero, con su permiso y bajo el amparo de un título como el elegido, la ola de calor, metido todavía en la incandescencia estival y antes de empezar un nuevo curso en muchos órdenes de nuestro día a día, quisiera poner sobre la mesa algunos interrogantes que veo orbitar sobre nuestra profesión de cuidadores de la Vejez y que no he conseguido apartar de la parte más gris de mis sensaciones durante estos últimos meses.

  Anuncie en esta tribuna no hace mucho y con el entusiasmo requerido, el desbloqueo de las tan ansiadas especialidades, y la puesta en marcha casi inmediata de nuestra remozada Enfermería Geriátrica y Gerontológica. Todos los datos y las voces más autorizadas, no se si respetables por lo que se desprende, apuntaban a esta realidad, a su inmediatez, al cumplimiento de compromisos con una profesión. Después de un aplauso prolongado, todas esas fuentes oficiosas que construyen tus impresiones, me susurran: “no seas iluso, no hay voluntad de ponerlas en marcha” y, esta legislatura está preparando el finiquito. El porqué, parece ser el de siempre, el único valedor irrefutable, el económico. Cuando algunos de aquellos interlocutores calificados anunciaron la posición de nuestra especialidad en los vagones de cabeza, los peor pensados apuntaron hacia el claro empleador de estos profesionales. No será el Sistema de Salud sino más bien los Departamentos de Bienestar Social a quien parece haberse transferido casi todo lo que concierne a nuestro grupo de clientes. Y ahí se abre otro de mis obsesivos interrogantes que deseo compartir con todos los lectores amigos.

  ¿Qué papel ocupa la profesión enfermera, cuál el de la enfermera especializada si algún día llegara ese momento, en la estructura de planificación de Bienestar Social de las distintas Regiones de nuestro país?. Sinceramente, y ojalá sea, una óptica personal labrada por malas experiencias, prácticamente ninguno. Desde hace años, jornadas completas de plática sobre el rol insustituible, el don de nuestras acciones en el proceso del cuidado de los más mayores, el perfil óptimo es… . La ingrata realidad es que apenas existen profesionales enfermeros en los órganos de planificación y gestión de estos Departamentos, Consejerías o Direcciones Generales, y eso traduce la filosofía e hilo conductor de las intervenciones sobre cuidados y por ende inversiones al efecto. Es tiempo de una llamada de atención. Una invitación a los que nos han de considerar, a través del conocimiento de nuestras “virtudes” y posibilidades. A todos nosotros, animar a un levantamiento profesional armado con tan vigorosas corazas como un cuerpo de conocimientos férreo, un orgullo profesional inquebrantable y un amor irrenunciable por esta misión.

  Pero en un intento de refresco de este disparate epistolar desatado por un golpe de calor, quiero traer a colación un interrogante distinto. En mi caso no está bajo sospecha. Creo que va a obligar a nuevas formulaciones en el recinto académico y profesional y seguro abre un nuevo parón de seis o siete años. Hablo de la nueva arquitectura de las carreras fruto de la Declaración de Bolonia que unificará todos los estudios superiores de todos los europeos. Desaparecen las Diplomaturas y amanece junto al acceso al Grado Superior la posibilidad de acceder al Doctorado. Fin de una histórica demanda para la Enfermería española. La salud de la convivencia entre las nuevas titulaciones y entre la formación de postgrado y las especialidades enfermeras, la adaptación de los catálogos de puestos de trabajo a esas nuevas conquistas, la justicia en la recolocación jerarquíca de los nuevos titulados dentro de las instituciones, serán cuestiones a dilucidar y esperemos con el juicio más certero. De momento, para esta incertidumbre, todos nuestros parabienes.

J. Javier Soldevilla Agreda
Presidente SEEGG

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Vol. 14 nº3-2003

 



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