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Construyendo una Sociedad
para todas las edades
Aún resuena
el eco de un gran acontecimiento que como ciertos fenómenos
naturales acontecen al menos cada dos décadas. Me estoy refiriendo
a la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, auspiciada
por Naciones Unidas, y que ha tenido lugar durante los primeros
días del mes de abril en Madrid. Una nueva convocatoria que
ha reunido a ciento sesenta naciones de todos los continentes para
revisar los resultados de aquel primer ensayo en el año 1982
en Viena, analizar el proceso de envejecimiento de hoy y trazar
nuevos planes de acción.
No quisiera quitar méritos a todo lo que representa este
magno encuentro por su relevancia, por transcribirlo como un "testimonio
de inquietud" y ojalá, llamada de atención, en
y para los responsables de los gobiernos más dispares ante
el fenómeno del envejecimiento de sus conciudadanos, por
las recomendaciones que de su seno han manado, pero quizá
por anheladas, y ahí mi pequeño desencanto, descubro
pocas fórmulas tangibles, inversiones específicas,
iniciativas de consenso prácticas, nacimientos de estructuras
y órganos garantes de este grupo de edad, etc. Y aunque muchos
dicen que no es el foro, que mejor oportunidad para tomar decisiones
"grupales" y seguro "vinculantes".
Estos días se han llenado páginas con
los pareceres de los responsables políticos de las naciones
ricas y de las pobres, estas últimas amenazadas sin piedad
por un anunciado, desdibujado y macabro envejecimiento para las
próximas décadas; hemos conocido los irrefutables
informes demográficos que pintan un panorama añoso,
hemos oído como prólogo muy autorizado, las sugerencias
dictadas por los Foros de ONG y de Salud sobre el Envejecimiento,
celebrados en vísperas en Madrid y Valencia, y ahora queda
solo esperar. Esperar a que el contenido no interpretable de estas
recomendaciones finales sea recogido por los planes gerontológicos
de las distintas comunidades de nuestro país y de otros,
a que las inversiones en fondos que se preconizan sean proyectadas
en próximos presupuestos, a que alguien tome la iniciativa
de dar un paso adelante para "construir una Sociedad para todas
las edades", pero... ¿quién ha de ser? ¿cuándo
comenzar? Veinte años han sido suficiente plazo para construir
políticas específicas, reservar fondos, desarrollar
e impulsar iniciativas, prever situaciones que ya nos anunciaron
los economistas, demógrafos y gerontólogos de entonces.
No sería justo decir que nada ha prosperado en este ámbito
en estas dos décadas pero, a mis ojos, el ritmo no ha sido
el adecuado y todavía el desfase de nuestra envejecida Tierra
y la oferta de sus servicios no alcanza con mucho a otros vecinos
del norte de Europa.
Quisiera que estas líneas sirvan de llamada para
que el resonar del envejecimiento como etapa activa, su integración
verdadera en todas las áreas de la sociedad, su popularidad
y sus parabienes orquestados estos días por todos, no se
suma otra vez en la oscuridad y el silencio otros veinte años.
La vejez, como etapa, precisa aflorar a todos los espacios del debate
y la toma de decisiones de una sociedad que ha vivido de espaldas
a ella y que no se puede permitir hacerlo por más tiempo.
Desde nuestra Sociedad Española de Enfermería Geriátrica
y Gerontológica renovamos con este acontecimiento el compromiso
de propiciar y apoyar todas las iniciativas públicas o privadas
tendentes a mejorar en esta Sociedad, el bienestar de sus constructores,
y trabajar, como lo venimos haciendo, en parcelas como algunas que
ahora recoge el catálogo dé propósitos emanado
de la cumbre del envejecimiento: la participación de los
mayores, la defensa de sus derechos irrenunciables y la formación
especializada de los profesionales encargados de su cuidado. Por
supuesto seguiremos velando por estos.
J. Javier Soldevilla Agreda
Presidente SEEGG
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