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Un noticiario
gerontológico de buenas noticias
Sin duda sería
muy difícil, por no decir imposible, poder construir un día
cualquiera un noticiario con asuntos generales correspondientes
a esa jornada sólo y exclusivamente con buenas noticias.
Ese deseo, más que hecho posible, a menudo ha rondado por
la cabeza de gente de bien, pero la realidad te devuelve con agresividad
al mundo real. Cada vez que recalas en las columnas de cualquier
diario escrito o transmitido por las ondas, sólo una mínima
parte de sus noticias destilan información que pudiera calificarse
como de naturaleza buena, positiva o constructiva, de manera que
llega a hacerte creer que el único panorama es el negativo.
Tal vez uniendo las
buenas noticias de todos los diarios de nuestro país, sin
ir más lejos, se daría vida a un noticiario de los
imaginados hoy en esta tribuna. Pero mi pensamiento quiere hundirse
un poco más y trata de imaginar un noticiario gerontológico
con ese mismo cariz, un medio de comunicación que recogiera
sólo loas al grupo de los ciudadanos más veteranos
de esta o aquella comunidad, reconocimiento a las contribuciones
hechas para el disfrute actual por todos de una sociedad de bienestar,
alabanzas a las prestaciones que todavía están en
condiciones de ceder al grupo general, información de prosperidad
bursátil relacionada con su existencia, estadísticas
saludables sobre las conquistas en longevidad, independencia, etc.
Este juego de imaginación
desbordada se ve enfrentado a un obituario permanente sobre la realidad
que rodea al mundo del mayor. Desde hace unos años vengo
realizando un pequeño ejercicio con los alumnos de pregrado
en la asignatura de Enfermería Geriátrica, consistente
en recoger en un Tablón Gerontológico al uso, un corcho
instalado en el aula, todas las noticias de prensa, de cualquier
color y estilo, en las que de forma más destacada el mayor
o su “problemática” sean protagonistas. Su análisis
permite introducir en el mundo del joven la verdadera impronta social
del grupo, su rol, su día a día, y descubrir a través
de esta sencilla pero fiel plataforma el espacio real del mayor
con el que en teoría convive, pero que desconoce.
Cuantitativamente,
el número de recortes del panorama global de periódicos
locales, nacionales, especializados, revistas profesionales, del
corazón y planfletos publicitarios, donde el anciano es noticia
es muy escaso, salvo en estos últimos, en los que su figura
se utiliza con demasiada frecuencia evocando despropósitos
no anhelados: su ignorancia, su incapacidad, su fragilidad, su simplicidad...
Pero si el análisis se realiza por categorías de noticias
que hieren las chinchetas, sólo los homenajes a ciertos centenarios,
algunos a personas por lo que fueron en sus esferas laborales, se
salvan de un resto de verdaderas malas noticias encadenadas a las
distintas facies de la vejez, pero todas tintadas por el sustantivo
problema. Problema económico fundamentalmente, pero no único;
noticias justificadas por tratarse de problemas de identidad grupal,
de inadaptación, de desequilibrio o, acabáramos, otras
noticias caricaturescas de una etapa que envuelven en fiestas de
clubs de tercera edad, viajes de la experiencia y otras distracciones
pueriles que no mundanas a las que únicamente se dedican
los pertenecientes a esta “secta”.
Incluso llegan a hablar
de la necesaria “liberación de una insoportable condena
a la vida perpetua”, como rezaba una reciente columna de las
amarradas en el tablón, que continuaba con un “tengamos
que quitárnosla”, evidenciando la insoportable existencia
del ser humano una vez llegado a esta cada vez más larga
y desangelada etapa de la vida.
Ésta es la realidad.
Ese imaginario noticiario gerontológico que rescate sólo
noticias buenas del mundo del mayor, por ende de los dedicados a
su atención, habría de tener un carácter no
diario, ni semanal, sino como poco anual para llenar un pliego de
papel o un par de pantallazos en su versión electrónica.
No obstante lo dicho, les animo no sólo a escrutar esas buenas
nuevas que existen, aunque no ocupen lugares destacados de la información
diaria, sino también a ayudar a generarlas.
J. Javier Soldevilla Agreda
Director de Gerokomos
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