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Un ciclo que termina
Cuando estas líneas
sean proyectadas en las retinas de los lectores de Gerokomos, supondrán
el cierre de un ciclo personal de editoriales con pie de firma como
Presidente de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica
y Gerontológica, y quisiera valerme de ellas para hacer balance
de este puente que nos une cada tres meses ininterrumpidamente desde
hace catorce años.
Recuerdo que en la fragua de la propia Sociedad
establecimos como prioritario disponer enseguida de un vehículo,
órgano de expresión de nuestro grupo, y sin duda no
fue una apuesta errónea. Desde que en el último trimestre
del año 1990 viera la luz el número cero de Gerokomos,
bajo ese nombre -el de ciertos cuidadores de personas mayores en
la antigua Grecia-, sus páginas con mayor o menor acierto
han buscado con todas sus energías, aupar la figura de los
profesionales enfermeros dedicados a la atención del mayor,
y qué mejor manera de hacerlo que ampliando y elevando su
cuerpo de conocimientos.
Desde unas páginas, las primeras, que sólo
destilaban entusiasmo por sus cuadernas, a la incorporación
paulatina de normas y maneras de hacer al dictado de una exigente
comunidad científica, que han ido modelando la revista para
situarla en un escalafón muy aceptable y bien valorada, desde
el juicio del lector a los objetivos indicadores bibliométricos,
pero sin perder en su afán por acercarse a un nivel de excelencia,
un estilo, incluso una imagen propia, característica y me
atrevería a decir, cercana y humana. A buen seguro, la voluntad
de próximas Juntas Directivas de nuestra SEEGG, seguirá
en esa misma línea.
Sus páginas en formato papel han generado
versiones electrónicas que van a acortar aún más
las distancias y derribar fronteras.
En este modesto caminar, como revista específica en el ámbito
de los cuidados gerontológicos, con un número limitado
de ejemplares, de las escasas que existen en el panorama internacional,
hemos fomentado el nacimiento y mantenimiento de secciones fijas
como Helcos, eco del GNEAUPP, plataforma especializada para investigaciones
sobre las úlceras por presión y heridas crónicas
y, cada día más, referente para otro amplio número
de profesionales de la salud de nuestro país y del área
iberoamericana.
Estar indexada en diferentes bases nacionales
y extranjeras ha sido una siembra de la que sentirnos orgullosos;
el trabajo por ser incorporados en otras relevantes, especialmente
para el mundo angloparlante, incluso en bases con formatos electrónicos,
serán la culminación de un primer ciclo del que hoy
hacemos revisión.
Ruego disculpen el que a menudo haya ocupado este
espacio con reflexiones de índole personal, menos teñidas
de dotes académicas o referencias bibliográficas,
pero forma parte de ese estilo aludido, actual y próximo.
Sólo me queda agradecer a todos los que
han hecho posible cada página de esta revista, que sin duda
continuará, independientemente de quien firme los editoriales
y que ponga en su pie de firma. Gracias a todo el comité
editorial, de redacción y a los revisores. Gracias también
y renovadas invitaciones a nuestra comunidad de cuidadores de la
vejez. Queremos y necesitamos sus trabajos, sus experiencias. Sabemos
que todavía queda trecho por recorrer en el desarrollo de
investigaciones en este campo de la gerontología, pero el
ritmo impuesto ha demostrado que esto es imparable.
La calidad de los trabajos dictados en sus líneas
año tras año es muestra de la entrada en la madurez
de nuestra especialidad enfermera.
Hoy sólo es el final de un editorial como el que abre cada
nuevo número, el último de un primer ciclo, en el
que me he sentido enormemente orgulloso de firmar como presidente
de una Sociedad que es y será parte de mi. El haber podido
representar durante este dilatado período a la Enfermería
de la Vejez de nuestro país ha sido lo más honroso
que nunca me ha pasado.
J. Javier Soldevilla Agreda
Presidente SEEGG
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